Sep 142015
 
Foto: Río Doce.

Foto: Río Doce.

Río Doce/Andrés Villarreal

Juan Villoro se especializa en relacionar contrarios y malentendidos evidentes que nadie vemos. En la presentación del libro Huérfanos del narco de Javier Valdez, dijo que solo en México el departamento de “objetos perdidos” recolecta todo lo encontrado y que deja de estar perdido. Los americanos que van directo al punto lo llaman: “Lost and found”, que literal es “perdido y encontrado”.

Igual pasa con las balas perdidas, que invariablemente dan en un blanco. Aquí esas historias las hay por cientos.

Una noche una mujer se despertó en su cama de lo que creía una pesadilla. Oyó cohetes y sintió que se le quemaba la cara. No soñaba, de los tiros de la calle una bala perforo la ventana y se posó en la almohada quemándole la mejilla.

En otra pesadilla, la de 2008 en Sinaloa, a una patrulla de la Estatal Preventiva la emboscaron en el cruce de Universitarios y Calzada de las Américas. Ni siquiera alcanzaron a defenderse, acribillaron a 6 agentes. Esperando el semáforo verde en una camioneta, un hombre se agazapó entre el acelerador y el freno. Cuando intentó irse, justo detrás de su cabeza el cristal mantenía el agujero de una bala. Entre los policías asesinados aquel 2008 estaba Alejandro Almaral, hermano de Martín Almaral, de quien Villoro también presentó un libro, Práctica de vuelo que reúne otro grupo de columnas del periódico Noroeste.

En otros casos las balas perdidas fueron asesinas. Sonia Monzón abordó el camión urbano Campo El Diez, el jueves pasado, rumbo a su casa. Se sentó junto a su esposo. El chofer vio a lo lejos una balacera, se disparaban de un auto a otro. Frenó el camión, no quería acercarse más. Dos balas dieron justo en el parabrisas, una para ella, otra para su esposo. Sonia Monzón murió al instante.

Es Culiacán no hay que ser narco para morir de una bala perdida, que en realidad está encontrada.

Margen de error

(Hacerle al pendejo) Un Procurador de Justicia de Sinaloa explicó en síntesis la fórmula para responder a cabalidad en el puesto que le encomendó el Gobernador: “Hay que hacerse pendejo por dos años”. ¿Para qué más palabras y teorías? A eso se dedicó los siguientes meses. La dificultad en realidad se encontraba en fingir que no lo era.

En aquellos tiempos, dos años eran suficiente desgaste y luego llegaba otro que seguía al pie de la letra la fórmula aunque no lo admitiera. Claro, siempre llega el que se quiere pasar de listo, y hasta el que verdaderamente es listo pero que termina siendo abandonado, relegado, y expatriado.

El puesto de Procurador es ingrato en cualquier lugar del país. No permite decir que estás cansado. No permite tampoco los nervios de punta porque el timbre del teléfono despierta todas las madrugadas. Los resultados nunca se reconocen, aunque siempre disminuyan o solo se den pequeños repuntes.

Salvo el exprocurador Miguel Ángel Mancera que llegó a la jefatura de gobierno en el Distrito federal, suele ser una tumba. Piense en los Procuradores de Sinaloa o en los Procuradores Generales de la República.

Visto así no queda más que jugarse el prestigio poco o mucho que quede. Y seguir la recomendación de aquel Procurador de Sinaloa en tiempos de Renato Vega. Dos años para hacerle al pendejo.

Mirilla

(Los 43) Creer en la investigación de la PGR o en el Informe Ayotzinapa del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, GIEI, no es un asunto de fe. Aunque en toda la semana así se habla y se dividen en dos grupos: los que creen en uno y los que critican al otro.

De la investigación de la PGR como verdad histórica queda muy poco, y terminan por admitirlo hasta los propios defensores —excepto quizás Murillo Karam—. Aun así esa es la única investigación con validez jurídica. La revelada esta semana que realizó la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, con la anuencia del Estado mexicano, admite de entrada que no se trata de “un diagnóstico definitivo de los sucedido con los 43 normalistas desaparecidos… (pero) sí recoge los hechos que considera probados y aquellos otros que considera probados que no han sucedido o sobre los que existe una controversia tal que se cuestiona su validez.”

En la premisa anterior está el resumen de las 560 páginas.

Lo probado, es que los 43 estudiantes fueron desaparecidos en una participación conjunta de un grupo de narcotraficantes y las policías. (Coinciden PGR y GIEI).

Lo probado que no ha sucedido, es que los estudiantes fueron quemados en el basurero de Cocula. (PGR lo afirma; GIEI asegura que no es así).

Y aquello sobre lo que existe controversia y se cuestiona la validez, se refiere a la participación de autoridades federales. El Grupo de Expertos acredita que efectivos del Ejército estaban enterados de lo que sucedía en Guerrero aquella tarde-noche del 26 de septiembre y todo el 27 de septiembre, lo mismo que agentes federales. Ambos tenían el seguimiento a través del sistema C-4 de todo lo que sucedía, y tanto militares como federales aparecen en diferentes sucesos de aquella larga noche y madrugada.

DEATRASALANTE

(Mezclilla Cimarrón) Son dos meses ya de la fuga del Chapo. Pasó el tercer informe de Enrique Peña, movió su gabinete, y todo sigue igual. En aquel túnel, donde se acredita la fuga hace dos meses, quedaron varios pantalones de mezclilla marca Cimarrón, talla 34, comprados en el Wal-Mart más cercano(PUNTO)

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