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May 302017
 

Río Doce.- El editor y reportero de ZETA Sergio Haro Cordero, falleció en su domicilio en la ciudad de Mexicali, Baja California, informo el semanario a través de su portal web.

Haro Cordero fue encontrado, sin vida, por sus familiares. Elementos de la Cruz Roja Mexicana dictaminaron su deceso; fueron requeridos los peritos de la Procuraduría General de Justicia del Estado y médicos del Servicio Médico Forense.

Sergio Haro Cordero, con más de 30 años de carrera periodística, se inició en el oficio en sus años de estudiante en la Universidad Autónoma de Baja California, donde cursaba la licenciatura en Educación, y documentó el movimiento estudiantil de 1981.

Hasta el momento de su muerte, se desempeñó como Editor de ZETA en Mexicali, y miembro del Consejo Editorial del Semanario. Le sobreviven su esposa, Zaida Montoya Mascareño y su hijo Luis Carlos Haro Montoya.

May 302017
 

dez Cárdenas, periodista cofundador de Ríodoce.

La agrupación hizo el llamado a quienes quieran integrarse, ya sea con mano de obra, así como insumos como retazos de tela, hilos, agujas, listones gruesos y demás; la cita es este miércoles 31 a las 16:00 horas en la plazuela Álvaro Obregón, a un costado de Catedral.

Una de las integrantes del colectivo, Olivia Molina, explicó que como antecedente, RecuperArte realizó una manta en 2015 para honrar la memoria y exigir justicia para los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, resultando una manta de 8 por 3 metros, la cual estuvo en marchas diversas y que al final quedó con los familiares.

Desde el año 2012, el mismo Javier Valdez Cárdenas formó parte del colectivo, por lo que la iniciativa de artistas locales y luchadores sociales como Alex López, de Delta Teatro; Dante Aguilera, artista gráfico creador del mural con la imagen del periodista en Monterrey; y Natalia Reyes, del Colectivo de Mujeres Sinaloenses Activas, son algunos de los activistas que integran RecuperArte.

Olivia Molina añadió que la intención en esta ocasión es que la manta recorra primero todo el estado, para posteriormente haga un recorrido como la elaborada para los 43 de Ayotzinapa.

May 292017
 

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Río Doce

Bato:
¿En qué quedamos? ¿No acordamos que cuando nos volviéramos a encontrar sería para ir a comer con Gris —tu mujer—, y Fran, tu único hijo varón del que siempre te mostraste orgulloso?
Ya no se pudo.
 
 
La última vez que platicamos fue la mañana del domingo 7 de mayo, en el café Los Portales, en el centro de Culiacán. Ahí me dijiste que querías que viera a tu hijo, que no lo iba a reconocer. Te dije que había visto fotos en Facebook de la boda de Tania, tu hermosa hija mayor, de finales del año pasado. Y moviste la cabeza afirmando y sonriendo. Nos abrazamos. Llevaba en mano un ejemplar de los pocos que tenía y que llevé a Sinaloa para obsequiártelo, de mi último libro, Jinetes de Tlatelolco. Marcelino García Barragán y otros retratos del Ejército mexicano.

Te comenté que ese libro traía detrás poco más de un década de trabajo, que era producto de una larga investigación en los archivos de Gobernación, Cancillería y Ejército. Que un día me di cuenta que lo había dejado arrumbado cuando desde el 2006, en un taller de periodismo por los 30 años de la revista Proceso, presenté el primer adelanto. Y que con ese trabajo cerraba un ciclo sobre los archivos desclasificados. Me sonreíste, dijiste que qué bueno, que lo ibas a leer y que más adelante me comentarías de un proyecto que tenías en mente.

En esa última visita que hice a Culiacán te noté menos bromista y “carrilludo” conmigo, a como acostumbrabas. Me confesaste que la situación financiera de La Jornada, el periódico del que eras corresponsal en Sinaloa, te tenía preocupado. Que como muchos de nosotros, reporteros críticos con los poderes establecidos, independientes de intereses ajenos a nuestro trabajo, empezabas a sentir cómo la crisis en los medios se reflejaba en tus recursos. Te dije que no te desanimaras, que si bien era muy complicada la situación, había que redoblar esfuerzos, seguir haciendo lo que sabías hacer de manera maravillosa: reportear y escribir. Te pedí que le echaras ganas, que lo que necesitaras si yo podía ayudar, me lo hicieras saber.

Porque la gente tiene que saberlo bato: tu y yo nos conocimos un día al finalizar al sexenio de Vicente Fox, cuando yo andaba haciendo un reportaje en Culiacán y fui a conocer el modelo de trabajo editorial de Ríodoce, el semanario que fundaron tú y otros colegas encabezados por Ismael Bojórquez. Te dije que mi interés era porque en Hidalgo me habían invitado a abrir una revista, a iniciarla desde el origen, y que no tenía ni puta idea. Así que me acerqué contigo. No olvido tu franqueza y la manera tan directa con que me hablaste y aconsejaste.

Después te volví a encontrar en las calles de la capital sinaloense al iniciar el sexenio de la muerte, el de Felipe Calderón Hinojosa. Yo andaba reporteando en medio de las balas, los levantones y las sirenas de las ambulancias y patrullas que de pronto pasaban a toda velocidad por el boulevard Madero, a ratos por el Leyva Solano, casi siempre por el Malecón Viejo.

“Mira, te dije una vez, a éstos —refiriéndome a los que llamé los verdaderos dueños del poder narco—, creo que hay que verlos y analizarlos desde diferentes ángulos. En sus redes, en su vasto sistema de complicidades que dan pie a estructuras: la estructura de protección policiaca, la estructura de protección financiera, la estructura de protección política, y sus viejos vínculos con el poder militar. Te comenté que casi siempre vemos y cubrimos una parte. Y por lo mismo, había que cuidarse de ‘ellos’”.

Me contestaste que lo tenías presente, mucho muy presente.

Desde ese momento cada vez que iba a Culiacán —que por entonces se volvió algo muy frecuente, con lo que mi amor por Sinaloa se partió en dos pues el primer lugar a donde llegué como reportero fue a Mazatlán—, tocaba base contigo. A veces iba a la oficina de Ríodoce, otras ocasiones te veía en el café Bistro en el centro.

Todavía recuerdo cuando llegaste un día a la ciudad de México y me llamaste. Me habías tomado la palabra después de que platicamos en Culiacán cuando me regalaste tu primer libro, De azoteas y olvidos, el cual te dije que me encantó, que tenías que publicar más y que era hora de buscar una editorial en la capital del país. Hubo dos intentos infructuosos con gente que te conecté, pero el tercero que conseguiste por tu cuenta, aceptó. Y míralos ahora, les va rebien con tu obra.

Hubo un tiempo a partir del 2007 en que viajé de forma frecuente como enviado especial de la unidad de reportajes especiales de El Universal a todo el país, en especial a Culiacán. Recuerdo que los días viernes, después de que mandaba mis textos para la sección, y tu cerrabas edición en Ríodoce, por la noche armábamos unas tertulias que se volvieron legendarias en el lugar que era tu espacio natural, el ecosistema de la bohemia culichi, y al que contribuiste a darle ubicuidad en la geografía del extravío sinaloense: el Guayabo.

A la mesa se sumaron nuestros amigos moneros, con quienes colaboramos en la legendaria revista La Locha. Fue la publicación donde tú y yo escribimos de  temas que no tenían nada que ver con narco y esas cosas.

Bato, cómo nos reíamos, como echamos carrilla machín y cómo disfrutamos esos momentos. Neta, en mi vida nunca me he reído tanto como en esas platicas que se prolongaban en ocasiones en otros lados.

Una de las primeras ocasiones en que nos encontramos en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, te invité a caminar por los pasillos, mientras apuntaba hacia las cámaras de vigilancia. Te dije que llegaría el día en que esos aparatejos podrán hacer una lectura de los datos básicos con solo enfocar nuestra fisonomía y el iris de los ojos. Como si utilizaran la información que obtiene Hacienda cuando haces el trámite para darte de alta y poder cobrar con recibos de honorarios. Aun me acuerdo que te dije:

“Mira bato, ¿te imaginas cuando lean en esos datos que tú eres de Sinaloa y yo de Guerrero, y que andamos juntos de manera sospechosa por estos pasillos?’. Nos cagamos de la risa.

Todavía tengo presente el verano del 2014, cuando con Gris, tu mujer, tus hijos Tania y Fran, me tomaste la palabra y aceptaste la invitación para visitar la casa de mis padres en mi tierra natal, Taxco de Alarcón, Guerrero. Ese viaje fue inolvidable bato. Ahí están las fotos con los rostros sonrientes de todos nosotros, abrazados, con el fondo de la parroquia barroca de Santa Prisca.

Para ese entonces ya eras una celebridad. Todo mundo te entrevistaba, te buscaban colegas cuando iban a Culiacán para que les dieras un “norte” en el trabajo de campo. Te mostrabas como lo que eras y siempre fuiste: un ser  benigno, de luz, que recibías a todos en camaradería y hacías sentirlos pronto en confianza.
Bato, si supieras todas las muestras de indignación, de rabia, de tristeza y de coraje que ha generado tu abrupta partida. Como suele ocurrir, cuando uno ya no está, vienen los gestos de reconocimiento en la tierra natal. Como dijo Gris en tu velorio, ya no interesan porque en vida siempre te lo negaron. Aunque tuviste el respeto, admiración y cariño de colegas, instituciones y personalidades en diversas partes del país y del mundo, en Sinaloa no fue como te hubiera gustado que fuera.

Javier, el lunes 15 de mayo del 2017 comenzó oficialmente tu leyenda hermano. No te preocupes, mientras yo viva y Dios me dé licencia, seguiré luchando por tus ideales, por lo que buscaste y por lo que peleaste. La mejor manera de nunca olvidarte será velar por Fran, a quien me pedías lo aconsejara. Fuiste testigo que nos hicimos compas desde aquella vez que fuimos los tres junto con nuestro amigo David al estadio Olímpico de Ciudad Universitaria, a ver un partido de futbol de nuestros Pumas de la UNAM contra el odiado América.
Fran y tú fueron recibidos con las trompetas y tambores por el túnel donde solo pasan los miembros de una selecta cofradía universitaria. Así como gritamos ese día desde la grada, lo hago ahora con la rabia que me produce tu inesperada partida: ¡Chinguen a su madre, putos!

May 292017
 

”.Las escasas pistas

Río Doce.- La Procuraduría General de la República (PGR) tiene avances en la investigación del asesinato de Javier Valdez Cárdenas, pero solo de la mecánica en que fue asesinado.
La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) no ha dado conocer información sobre los responsables materiales ni intelectuales del crimen.
Hasta el momento únicamente han informado que el homicidio lo cometieron dos personas que viajaban en un automóvil color blanco.

Con los peritajes, establecieron las posiciones de los delincuentes, el orden en que fueron efectuados los disparos y la forma en que cayó Javier Valdez.
De acuerdo con la PGR fueron 13 las heridas de bala, producidas por 12 balazos.

El Fiscal Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión de la PGR, Ricardo Sánchez Pérez del Pozo, se negó a dar a conocer avances sobre la identificación de los responsables.

El titular de la FEADLE señaló que todas las líneas de investigación siguen abiertas, incluso la del robo de vehículo.

El fiscal especial tampoco dio a conocer cuáles eran las líneas de investigación, solo que la principal era el trabajo periodístico que realizaba Javier.

“También reiterar de manera muy enfática que todo el trabajo periodístico de Javier Valdez se ha incorporado a la investigación, todo el  trabajo periodístico de Javier se ha analizado y se está analizando, se van incorporando también aquellas circunstancias periodísticas que se van incorporando día a día en esta situación y todas están siendo consideradas en la investigación”, dijo.

Mencionó que la PGR tiene abierta la línea 088 del Centro de Atención Ciudadana para recibir información de la ciudadanía que ayude a continuar con la investigación y dar más pistas, o confirmar las que ya se tienen.
Aseguró que la información será de manera anónima y no habrá ningún seguimiento que no sea el de la investigación de las autoridades federales.

Sánchez Pérez del Pozo no quiso responder cuestionamientos de la prensa, sólo se limitó a dar su mensaje y se retiró cuando los reporteros realizaban preguntas.

El lunes pasado, peritos de la PGR realizaron una inspección ocular de recreación de los hechos en el lugar donde fue asesinado el periodista Javier Valdez, en la calle Vicente Riva Palacio entre Ramón F. Iturbe y Epitafio Osuna, en la colonia Jorge Almada.

El personal de la PGR reconstruyó la forma en que el vehículo blanco le cerró el pasó a Javier sobre la calle Vicente Riva Palacio y lo obligaron a detener la marcha del automóvil Toyota Corolla.
Uno de los delincuentes bajó de la unidad y apuntando con la pistola a Javier lo hizo bajarse de su unidad y empezó a disparar.

El delincuente que conducía el vehículo también bajó y disparó.

El Coordinador General de Servicios Periciales de la PGR, Anselmo Apodaca Sánchez, explicó que la recreación se llevó a cabo en lunes y a la misma hora del homicidio para tener una situación más real del hecho.
Señaló que los peritos determinaron las trayectorias de las balas y las posiciones de los tiradores con el análisis científico técnico de los dictámenes de criminalística, de fotografía, de medicina forense y la necropsia a la víctima.

De acuerdo con los peritajes, el primer disparo fue a quemarropa en el costado derecho del abdomen.
En la camisa quedó la quemadura del disparo y una lesión del impacto del carro por la pistola.
Después le dispararon en otras dos ocasiones en la misma zona y lo que ocasiona que Javier realice una maniobra instintiva de protección y levante el brazo derecho.

Un balazo impactó a la altura de la muñeca y uno en el antebrazo cerca del codo.
Después de la reacción instintiva de protección y los disparos en el costado del abdomen, realiza una flexión hacia el frente del tronco, ofreciendo la cabeza hacia el victimario y viene un disparo más donde se ocasiona una lesión en la frente que se aloja a nivel de la mandíbula del lado izquierdo.

Ese disparo, señaló el perito, fue circunstancial que fuera en la cabeza ya que en ese momento iba cayendo al suelo.
“Este disparo de la cabeza no presenta huellas que sean de tatuaje o características de un disparo de cercanía, por lo tanto la distancia la podemos calcular a más de 60 centímetros puesto que no presenta ninguna de estas características.

“Ya va lesionado del abdomen, ya va lesionado del mismo brazo derecho, antebrazo y la parte posterior del antebrazo también y el siguiente disparo es el de la cabeza que mencionamos, que va hasta el borde de la mandíbula del lado izquierdo, es decir de arriba hacia abajo, en una forma circunstancial de que sea en la cabeza por la flexión que menciono”, detalló el perito.

Cuando estaba cayendo recibe otros dos disparos en el lado derecho del muslo derecho.

“Los disparos consecutivos son ahora en la región del muslo, en la cara lateral derecha del muslo y de esta manera viene presentándose ya una dinámica de caída hacia el frente precisamente por todas las lesiones que va presentando”, indicó.

En ese momento las lesiones del abdomen ya se encontraban en algún proceso agónico y la de la cabeza ya en situación mortal.

Los peritos descartaron que Javier Valdez haya sido arrodillado por los delincuentes para asesinarlo, debido a que no se localizó ningún tipo de lesiones en las rodillas y determinaron que la caída fue por gravedad.
Ya estando tirado boca abajo, sin movimiento, le disparan en tres ocasiones al glúteo del lado derecho.
Después le tiran al lado derecho de la espalda y luego una vez más en la nuca.
En el lugar quedaron 12 casquillos de pistolas calibre 9 milímetros y 380.
 
Javier Valdez une voces contra la impunidad, corrupción y el crimen organizado
 
¡Justicia!, el grito de todos
 
 
El asesinato de Javier Valdez Cárdenas despertó la solidaridad y unión de medios nacionales e internacionales, así como organizaciones ciudadanas que demandan el esclarecimiento del caso y un alto inmediato a la violencia en México.
Esta semana, la asociación mundial de periódicos y editores de noticias WAN-INFRA, la cual representa a más de 18 mil publicaciones, 15 mil páginas web y más de tres mil empresas en 120 países, llevará a cabo esta semana una reunión en la Secretaría de Gobernación en donde exigirán que se castigue a los responsables materiales e intelectuales del asesinato de Valdez Cárdenas.

Por su parte, 34 medios nacionales y 15 medios y organizaciones internacionales firmaron un desplegado en el que denunciaron que “la impunidad, la corrupción y en especial, el crimen organizado han puesto en riesgo una labor fundamental para la sociedad” como lo es el periodismo.

A partir del asesinato de Valdez Cárdenas, periodistas y activistas del país también proyectan foros de discusión que se llevarán a cabo del 14 al 16 de junio para lograr una agenda con objetivos de corto y mediano plazo para proteger a periodistas.

A través del portal agendaperiodista.mx se convocó a periodistas, activistas, académicos y ciudadanos en general para participar en seis mesas de discusión sobre: riesgo y atención en casos críticos y respuestas inmediatas, alternativas para combatir la impunidad, organizaciones sociales y vías para fortalecerlas, solidaridad gremial y derechos laborales, reacciones de seguridad pública y el significado social de las agresiones contra periodistas.
En la semana que transcurrió y sin resultados concretos en la investigación por el homicidio de Valdez Cárdenas, el periódico estadounidense The Washington Post demandó en su editorial que el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, tome como prioridad de su gobierno la localización de los asesinos del también corresponsal de La Jornada en Sinaloa.

Mientras que en Culiacán, la ciudad que vio convertirse a Javier Valdez en uno de los mejores cronistas del país, las protestas no ceden.

El lunes 22 de mayo, a una semana de su asesinato, compañeros, familiares y activistas del periodista cofundador de Ríodoce se congregaron en las escalinatas de la Catedral, sobre la avenida Obregón, una de las más transitadas de la ciudad y exigieron justicia durante más de tres horas.

Para el sábado 27 de mayo, un grupo de activistas, artistas y periodistas convocaron a una pega masiva de carteles por toda la capital del Estado. Con la ayuda de ciudadanos, se proyectó pegar más de tres mil carteles por la ciudad.
Por su parte, el periódico Noroeste y el semanario Ríodoce extendieron, afuera de los edificios en donde se encuentran sus redacciones, un par de lonas espectaculares con la exigencia de justicia para Javier Valdez.
En la segunda semana, luego del asesinato de Valdez Cárdenas, los periodistas integrantes de la asociación de periodistas 7 de Junio, a la que pertenecía Javier, convocaron a una reunión que se llevará a cabo este lunes 29 de mayo.

La consigna de los periodistas son las palabras de Valdez Cárdenas “No al Silencio”.

May 292017
 


JAVIER VALDEZ. Bandera dolorosa.

Ismael Bojorquez/Río Doce

Fue un acuerdo de Ríodoce: no solo seguiríamos haciendo periodismo, sino que también nos incorporaríamos a las actividades cívicas para exigir justicia por el asesinato de Javier Valdez Cárdenas. Nunca como periódico lo habíamos hecho. Muchos de los compañeros han asistido a marchas cuando se trata de protestar por algo, casi siempre en temas relacionados con la violencia. Pero en todos los casos, como periódico, alguien debía cubrir la nota. Y procurábamos que fuera un reportero más, despojado hasta donde se pudiera de los humores del acto.

Ahora no. Todos escribimos, todos protestamos; todos investigamos, todos publicamos, todos salimos a las calles a gritar nuestra rabia, a exigir castigo para los asesinos de Javier, a pegar con engrudo carteles en las paredes, a colocar calcomanías en los autos, a firmar espectaculares, a colgar pendones, a encender veladoras en los altares que improvisa la gente en las esquinas, a rezar los creyentes, a llorar los inconsolables, a marchar, a leer a muchas voces los libros de Javier en las plazas, a fumar y rolar sus Malayerba, a pedirle a la gente que se junte, que no olvide, que abrace esta causa por las libertades y la justicia en que se ha convertido el reportero asesinado.
No esperaremos a que las fiscalías nos den resultados. De hecho no creemos en la justicia, menos en la PGR, que se ha ganado a pulso el descrédito mundial. Ahí están los desaparecidos de Iguala, las lágrimas de Ayotzinapa, su “verdad histórica” hecha polvo.

Han pasado quince días y, sea por la secrecía obligada o porque no hay muchos avances en las investigaciones, lo único que vemos enfrente es un cuarto oscuro lleno de interrogantes. La Fiscalía estatal fue desplazada de las indagatorias pues, aunque fue la primera en abrir una carpeta de investigación, quien está llevando a cabo todas las pesquisas, las de calle y las “científicas”, es la PGR a través de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle).

Según nos han explicado, el grupo técnico y de investigación que está a cargo del caso es compacto y sin ninguna relación con las policías locales. Eso que les valga. No es que en la PGR no haya corrupción —siempre hemos pensado y dicho todo lo contrario—, pero es obvio que estarían más penetradas por el hampa —y por lo mismo por los probables autores materiales e intelectuales del crimen— las estructuras estatales de investigación. (Agréguese que el Fiscal Juan José Ríos Estavillo va llegando al cargo y ni él sabe todavía en quiénes se puede confiar).
Pero no hay cheques en blanco para nadie y no tienen mucho tiempo para saciar la demanda de justicia.No hay un crimen en México que haya suscitado tanto repudio en el mundo como el de Javier Valdez. Y eso tiene que marcar una diferencia. No porque los otros periodistas asesinados hayan sido menos importantes. O los maestros de Concordia, o el abogado de Mazatlán, o el director de la clínica del Issste. O los asesinados de Guerrero, de Puebla, de Tamaulipas, de Chihuahua…Todos importan. Todos importamos. Pero el impacto que ha causado su muerte tiene que sacudir las instituciones de justicia del país. Y a las conciencias:Ni uno más. Y convertir esa ira y ese miedo y esa pesadumbre en acciones colectivas.

Si los grandes medios de los Estados Unidos se unen para condenar el crimen, tenemos que mantener su alerta en vivo; si la prensa nacional propone un ¡Ya basta! y foros para buscar garantías a la libertad de expresión, debemos ser los primeros en estar ahí; si organizaciones europeas toman las plazas, debemos hacer eco desde acá; si se hacen cadenas de oración, también.

Nunca nuestro México había sido tan inseguro como ahora; nunca las libertades habían estado tan amenazadas; nunca los gobiernos habían sido tan impotentes ante las embestidas delasorganizaciones criminales. Pero tampoco nunca un asesinato había concitado un ¡hasta aquí! tan inequívoco.
Es ahora de pie, o nos sentamos a esperar quién sigue.
Bola y cadena

UNA COSA NOS INQUIETA EN EL CRIMEN de Javier Valdez. Los que lo asesinaron no son gatilleros profesionales. La forma en que lo atacaron habla de un desparpajo descomunal: tiros en sedal, en la mano, en los brazos, un impacto en la frente cuando iba cayendo; ya tirado, balazos en una nalga, en una pierna, en la espalda y, al final, uno en la nuca. Doce en total. Luego se llevan el auto para dejarlo abandonado ocho cuadras más adelante. ¿Cuántos días para despejar las dudas? ¿Cuánto tiempo?

Sentido contrario

HABLANDO CON EL FISCAL ESTATAL, Juan José Ríos Estavillo, le preguntamos qué está pasando con tanto crimen y su respuesta lo dice todo. Nosotros llegamos cuando los hechos ya han sido consumados. Hasta ahí, quiere decir que el problema, en principio, está en la prevención, que los esquemas de seguridad son un fracaso. Pero no hay que olvidar que una buena forma de prevenir es castigar. Y eso es lo que no ha hecho la extinta procuraduría de justicia en décadas. Por eso se mata con tanta facilidad. Y esa será, es ya, tarea de la fiscalía.
Humo negro

¿DÓNDO ESTÁ EL GOBERNADOR Quirino Ordaz ante tanto crimen? ¿Dónde los alcaldes? ¿Qué están haciendo para prevenir los delitos, no solo los homicidios? Los robos y asaltos se han multiplicado, nadie está seguro ya ni en sus casas. ¿Y los militares qué están haciendo? ¿A qué vinieron? ¿Y las estrategias?

May 282017
 

Ajo Blanco/Cuauhtémoc Villegas

Nunca olvidaré a Gilberto Carlos Ornelas, gordo asqueroso y maltratatador de asistentes y periodistas.

Me ofreció su ayuda y sólo buscaba sacarme información y que le diera ideas para hacer un medio para seguir viviendo del gobierno y se lo dije, tipo mierda.

Ni siquiera, ignorante, conocia a Río Doce. Cuando tocamos el tema de RíoDoce dijo que eran narcos aunque ni siquiera los conocía el ignorante.

Cuando yo compré un carro con un crédito de Banamex, los vecinos me acusaron de ser jefe del narco asi como el gobierno sin conocerme ni cerciorse me acuso de lo mismo. Mierdas ambos.

Por eso matan periodistas por gente como Gilberto Carlos Ornelas o como Enrique Appendini, gato del gobernador Martín Orozco quien si está supuestamente implicado con el narco y a diferencia de mi, sí es un criminal consumado que se escuda en en el fuero que se hizo para que no metieran en problemas a los revolucionarios de hace cien años y no a los narco políticos saqueadores de México que defiende Appendini para vivir del pueblo.

Ignorante, Ornelas pensaba que Ajo Blanco era un albur, estupido ignorante. Tampoco sabía que Ajo Blanco fue el medio de la izquierda en España. Me cae que en el PRD los Chuchos tienen pura mierda, con la que se cagaron en el país.

May 232017
 

El Metropolitano se burla de Objetivo7 aunque nunca ha tenido un columnista como Javier Valdez y tampoco lo hincaron como los políticos los hincan a ellos, con dinero.

La Procuraduría General de la República dio a conocer avances en la investigación del homicidio de Javier Valdez Cárdenas, pero sólo sobre cómo fue atacado y no sobre los presuntos responsables.
El titular de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión, Ricardo Sánchez del Pozo, dijo que se está analizando todo el trabajo periodístico de Javier.
“Todas las líneas de investigación siguen abiertas, se siguen llevando a cabo diligencias, se sigue llevando a cabo levantamiento de pruebas que nos puedan ayudar a determinar la responsabilidad de las personas que participaron en estos hechos”, indicó.
“Reiterar de manera muy enfática que todo el trabajo periodístico de Javier Valdez se ha incorporado a la investigación”.
Hoy por la mañana, expresó, se realizó una inspección ocular de recreación de los hechos en el lugar donde fue asesinado.
El coordinador General de Servicios Periciales de la PGR, Anselmo Apodaca, explicó que con el análisis de diversas evidencias y estudios periciales se estableció la forma en la que fue asesinado.
Comentó que hay dos versiones sobre la agresión, pero la más objetiva apunta a que uno de los delincuentes efectuó el primer disparo, fue en el lateral derecho del abdomen con el arma pegada al cuerpo.
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Posteriormente le dispararon en otras dos ocasiones a la misma zona, pero a corta distancia ya no en contacto.
Después de esos tres disparos, Javier alzó el brazo en una maniobra instintiva de protección y le dieron dos balazos en el antebrazo, lo que ocasiona que se flexione hacia el frente.
En ese momento uno de los disparos le dio en la región frontal, que según los peritajes fue circunstancial que haya sido en la cabeza por la posición en que se encontraba.
Lesionado del abdomen, antebrazo y cabeza, le dispararon en la cara lateral derecha del muslo y empieza a caer hacia el frente, indicó.
Descartó que en algún momento haya sido hincado y cayó por gravedad hacia el frente.
Detalló que ya en el suelo, boca abajo, hubo tres disparos simultáneos al glúteo derecho; y luego otro en la espalda y otro más en la región occipital.
El primer disparo fue con el arma pegada al cuerpo y el resto a una distancia de más de 60 centímetros, abundó.
El titular de la FEADLE, Ricardo Sánchez, dijo que la Fiscalía tiene abierto el número 088 para que la ciudadanía aporte información sobre el asesinato de manera anónima.

May 222017
 

Río Doce.- Un grupo de danzantes rindió esta tarde un homenaje a Javier Valdez Cárdenas, el “Guero Culpegualt”, como ellos lo apodaban.
Previo a una manifestación convocada por periodistas, los promotores de la cultura indígena realizaron un homenaje con la danza tradicional Mayo-Yoreme y recordaron a Javier como un sembrador de paz.

En estos momentos la protesta continúa en las escalinatas de Catedral donde se encienden veladoras en su honor

May 222017
 

Javier Valdez/Río Doce

“Nos vemos plebes… y que Dios me bendiga”

El día que lo mataron, Javier Valdez salió de las oficinas de Ríodoce a las 11:56 de la mañana para nunca más volver. Óscar, el administrador de la página web, recuerda la hora porque iba a recoger a su hijo a la escuela, pero justo antes de salir recibió un Whatsapp de su mujer diciéndole que no fuera, porque ella “ya lo había recogido”. Se detuvo en seco en la entrada, y fue cuando se topó con Javier, quien ya iba de salida.

“Dios me bendiga”, dijo Javier antes de partir, que era su acostumbrada forma de despedirse. Todavía Óscar le reviró: “Y qué además te agarre confesado”. Javier sonrió levemente, abrió la puerta de salida y se marchó.

Óscar, junto a la recepcionista, el reportero Aarón Ibarra y la contadora, miraron la figura pesada de Javier perderse tras la puerta mientras ellos continuaron bromeando con unas fotos que minutos antes se habían tomado con el sombrero de Javier.

No habían pasado cinco minutos cuando una vecina del edificio entró en completo estado de desesperación diciendo que “habían balaceado a uno de los compañeros”.

Óscar, Aarón, Nallely y Maricruz parecieron confundidos y por inercia se miraron unos a otros. La mujer insistió: “Al del carrito rojo… al señor del sombrero… lo acaban de matar allá afuera”, gritó desesperada.

Los caminos solos

A las 12:05 del mediodía, Ismael Bojórquez, director de Ríodoce, manejaba de sur a norte por la calle Vicente Riva Palacio rumbo a las oficinas del periódico. Antes de cruzar la calle Epitacio Osuna, miró el cuerpo de un hombre que estaba tirado en medio la calle mientras un par de desconocidos curiosos observaban el cuerpo.

Confundido, Bojórquez aminoró la velocidad, hasta que a unos 20 metros antes de llegar a donde estaba el cuerpo, se detuvo a preguntar si lo habían atropellado.

“¡Lo acaban de matar!”, le espetó uno de los desconocidos.

Ismael Bojórquez, un periodista con más de 30 años en el ejercicio periodístico, manejó un poco más hacia donde yacía el cuerpo, y fue entonces que prestó su atención al sombrero que la víctima aún tenía puesto.

Sintió entonces una sensación parecida a la muerte cuando, todavía sin ver el rostro del fallecido, pareció reconocer el cuerpo de Javier, con quien 14 años atrás había fundado Ríodoce.

Casi sin aliento, pero con un sentido de urgencia y temor bajó del auto, sólo para confirmar que la víctima, efectivamente, era Javier. Entonces y durante los próximos cinco minutos, todo pareció desaparecer a su alrededor mientras él se llenaba de incredulidad, de confusión, de agonía, mientras algo en su corazón le empezó a doler más que el mismo dolor.

El epicentro de la incredulidad

Cuando Oscar, Aarón y Nallely Mejía escucharon que habían balaceado al del carro rojo, “al señor del sombrero”, todos pensaron en Javier, y salieron corriendo del edificio.

A tumbos bajaron por las escaleras del edificio, y ya en la calle Teófilo Noris, casi esquina con Francisco Villa, buscaron con desesperación un indicio de la tragedia, pero nada encontraron. Por un instante la esperanza de que aquello fuera una broma los abordó, y un suave alivio de incredulidad pareció calmarlos; fue cuando la misma mujer que les diera la noticia, gritó desde las escaleras algo que los estrujó en la fatalidad: “¡Es en la otra cuadra, sobre la Riva Palacio!”.

Desesperados corrieron los tres una cuadra al sur. Pensando lo peor, y con el corazón a punto de vomitarlo, llegaron a Ramón F. Iturbe buscando en todas direcciones. ¿Cuántas veces habían caminado esa misma intersección en busca de un lugar dónde comer, o cuando se estacionaban un poco lejos? Pero ahora, llegaban a esa misma intersección convocados por la muerte, lejos de cualquier presagio que ninguno hubiera imaginado. Eso pensaba Óscar cuando un trabajador, de uno de los muchos talleres de por ahí, les señaló hacia el oriente: “¡En la otra calle…!”

Llegó primero Aarón, quien se encontró con el peor cuadro que jamás pudo imaginar: el cuerpo sin vida de Javier que yacía boca abajo sobre una alfombra de sangre, y con su sombrero aún puesto.

Los pasos de Aarón se alentaron como si de pronto caminara sobre arenas movedizas. Desesperado, o tal vez amagado por la impresión de la muerte, llegó al lado del cuerpo de Javier, pidiendo a gritos que aquello fuera mentira. Confundido aún, pensando en una última esperanza, tocó con el dedo índice la parte yugular de Javier buscando un vestigio de pulso, pero era inútil: Javier ya no estaba en este mundo. Todavía insistió: “¡Javier, despierta, chingada madre, despierta!

Al lado de él, Óscar parecía congelado por la incredulidad. Hacía apenas unos minutos, Javier se había despedido de todos, y en ese momento yacía sin vida en medio del pavimento de una ciudad que se derrumbaba en medio de la violencia.

Nallely no había corrido con tanta suerte, pues al ver el cuerpo muerto de Javier en el suelo cayó como fulminada por un rayo.

Más allá de los planes

Al momento del homicidio, Andrés Villarreal, jefe de información de Ríodoce, manejaba de oriente a poniente sobre el boulevard Madero. Venía de un Canal de Televisión Local, y según explicó ese mismo día, se dirigía a las oficinas del semanario, ubicadas en la Colonia Jorge Almada.

Aunque era lunes, ya pensaba en la cobertura del siguiente número, y que por la tarde de ese mismo día, debía atender una serie de juntas editoriales.

Al llegar a Álvaro Obregón dobló hacia el sur, y fue entonces que recibió una llamada que lo heló por completo: “Mataron a Javier Valdez”, le dijo Aarón Ibarra a quemarropa desde el otro lado de la línea.

Andrés sintió que la piel se le erizaba. Lo unía a Javier no sólo una relación de trabajo, también una amistad de años, y una camaradería que incluía borracheras, consejería, y bromas de todo tipo.

“Lo mataron a una cuadra del periódico”, añadió Aarón, luego de que al otro lado de la línea sólo se oía silencio. Por inercia, o por falta de palabras ante la tragedia, o para maquillar la incredulidad, Andrés sólo replicó: “voy para allá”, y aceleró su auto.

Lo que no supo Andrés fue la posibilidad de que, en algún momento, se haya cruzado con los asesinos de Javier, quienes tras arrebatarle la vida, tomaron su auto y enfilaron hacia el oriente de la ciudad, sobre el boulevard Leyva Solano.

En un rápido monitoreo con las autoridades se confirmó que el auto de Javier, un Toyota Corolla 2012 color rojo, había sido abandonado en la banqueta de Aquiles Serdán, casi esquina con Cristóbal Colón: lo habían estrellado contra un poste.

Al momento que reporteros de Ríodoce llegaron al lugar, el vehículo aún estaba encendido y con la palanca de velocidades en la letra D (marcha), lo que hace suponer que los asesinos dejaron el auto varado en el poste de la luz, bajaron del auto de Javier y se subieron a otro vehículo que evidentemente los seguía.

Los reporteros que escribieron esta nota realizaron una rápida inspección desde afuera del auto, constatando que la mochila donde Javier guardaba su computadora no estaba en el lugar, lo que supone que los asesinos se la llevaron con ellos.

La muerte no siempre llama dos veces

Andrés Villarreal llegó apresurado a la escena del crimen, sólo para encontrarse con el cuerpo inerte de Javier tirado en medio del pavimento, mientras Aarón, Ismael, Óscar, y Nallely miraban a su compañero desde la banqueta, como si no lo creyeran, o como si compartieran una pesadilla.

“Sabemos que por nuestro trabajo, la muerte nos puede tocar en cualquier momento, pero entonces sólo lo piensas, y lo que ves en ese momento es la realidad”, dijo horas más tarde Andrés durante el funeral de Javier.

Poco a poco arribaron patrullas de la policía estatal y municipal, que de inmediato aseguraron el área. Llegó también el procurador Juan José Ríos Estavillo, aunque su presencia en ese momento fue más por solidaridad que por solución.

Doce disparos le habían pegado a Javier para arrancarle la vida. Doce tiros después de las doce. Según un primer reporte de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), se utilizaron dos armas para arrancarle la vida: una 9 milímetros, y una 38 súper, y en ese momento se hablaba de que la PGR atraería la investigación del homicidio, reporte que se confirmó horas más tarde.

A dos cuadras de ahí, las oficinas de Ríodoce habían quedado abandonadas. El periódico, y cada integrante de esta casa editorial, había recibido una fuerte estocada en el corazón: nos habían matado a uno de los nuestros.

Duelo por un escritor

La noticia para entonces estaba en los principales medios de todo el mundo, y era imposible no saber del asesinato de Javier Valdez Cárdenas.

Maricruz recuerda que estaba en la sala de su casa cuando su hija, de ocho años, y a quien constantemente lleva a las oficinas de Ríodoce, miró la foto de Javier en la pantalla del televisor.

“Mira mamá, Javier está en la tele”, dice Maricruz que habría dicho su hija Monserrat.

Por más que Maricruz corrió para cambiar el canal y así ocultar la tragedia, no pudo evitar que la niña escuchara el resto de la historia. Entonces la infante rompió en llanto.

“¿Por qué?”, cuestionó Monserrat, y a cómo pudo, Maricruz trató de explicarle que muy posible había sido por su trabajo, pues “Javier a veces escribía sobre gente mala”.

Todavía con sus ojos cubiertos de lágrimas, la niña preguntó: “Dime mamá que Ismael no escribe de lo mismo”.

Preguntas sin respuesta

Contrario a la rutina que Javier ejercía de una manera casi ceremonial, ese día se estableció que Javier salió del periódico casi a las doce del día. Generalmente nunca salía a esa hora, pero ese día lo hizo.

Ninguno de sus compañeros que estaban en la oficina a esa hora pudo establecer si en ese momento recibió una llamada, o mensaje telefónico.

De acuerdo al registro de actividad en la aplicación de Whatsapp, la última vez que se conectó marca las 11:48 horas de ese lunes, justo antes de que saliera del periódico.

Al momento de salir, su teléfono lo tenía en la bolsa de camisa a cuadros manga corta, pero en la escena del crimen no se pudo localizar el artefacto, tampoco su computadora, la cual traía consigo todo el tiempo.

“Yo no noté nada extraño. Salía más temprano, pero no me pareció que algo extraño estuviera ocurriendo”, rememora la recepcionista.

Las autoridades periciales contaron doce casquillos en la escena del crimen, los cuales corresponderían a las doce balas que impactaron en el cuerpo de Javier, lo cierto es que pocos escucharon los disparos; de ahí en fuera, nadie vio nada.

Javier conducía su Toyota Corolla de sur a norte sobre Riva Palacio, pero nadie ha podido precisar cómo lo detuvieron, ni si opuso resistencia al ser bajado del auto, como tampoco cuántos eran los agresores y en cuántos autos viajaban.

Aunque el robo de auto representa una línea de investigación de la fiscalía estatal, nadie se explica por qué un ladrón de autos habría interceptado un auto en movimiento, para luego bajar al conductor y despojarlo del vehículo, peor aún, asestar doce balazos sólo para despojar a una persona de su auto.

Los indicios

Por lo menos fueron dos los delincuentes que interceptaron y asesinaron a Javier Valdez Cárdenas. Según testimonios, ambos portaban capuchas y viajaban en un automóvil de color gris o blanco.

En las investigaciones no se ha podido establecer si hubo más personas que intervinieron en el homicidio.

Minutos antes de las 12:00 horas, Javier salió de las instalaciones de Ríodoce y abordó su vehículo Toyota Corolla estacionado afuera del edificio.

Tomó la avenida Teófilo Noris hacia el sur y en la calle Epitacio Osuna dobló al oriente para luego seguir por Vicente Riva Palacio.

Alrededor de cinco minutos después de haber salido de la oficina, unos metros antes de llegar a la calle Ramón F. Iturbe, fue interceptado por dos hombres encapuchados que viajaban en un vehículo compacto.

Javier detuvo la marcha de su unidad y los dos delincuentes bajaron del vehículo en el que circulaban.

Los delincuentes dispararon en por lo menos 12 ocasiones con dos armas de fuego de distintos calibres. El primer balazo lo recibió en la frente.

Vecinos del lugar dijeron que primero escucharon un balazo, luego dos seguidos y luego el resto.

Cuando cayó muerto a mitad de la calle, uno de los individuos subió al Toyota y se dirigió hacia el bulevar Gabriel Leyva Solano y tomó rumbo al oriente.

Las autoridades no han establecido la calle por la que llegó al Leyva Solano. Una de las posibles rutas es que tomó en sentido contrario la Ramón F. Iturbe y la otra que siguió derecho por la calle Riva Palacio.

Los delincuentes circularon en los dos vehículos por todo el bulevar Leyva Solano hasta la esquina con la avenida Aquiles Serdán donde dobló hacia el sur y al pasar el cruce con el bulevar Francisco I. Madero se presume quiso rebasar.

El individuo que llevaba el carro de Javier se subió a la banqueta de la primaria Manuel Ávila Camacho, conocida como Escuela Tipo y el vehículo quedó atorado entre la barda del plantel y un poste.

El sujeto tomó la mochila con la laptop y el celular de Javier y dejó abandonado el automóvil.

El cuerpo de Javier tenía un balazo en la cabeza y 11 más en su cuerpo.

De acuerdo con la información proporcionada, en el cadáver se localizaron cinco ojivas.

Según los peritajes, varios balazos se los dieron por la espalda.

En el lugar, los peritos de la Fiscalía General del Estado localizaron 10 casquillos de pistola calibre 9 milímetros y dos de calibre 38 súper.

May 222017
 

May 222017
 

Río Doce.- Un vehículo se le atravesó al automóvil de Javier Valdez, el conductor se bajó y obligó a Javier a descender de su carro.
Le disparó en un costado y Javier cayó hincado. El copiloto bajó del vehículo y se colocó detrás de Javier. Le disparó en varias ocasiones hasta terminar con su vida.
Esas escenas se pudieron observar durante la Inspección Ocular con carácter de recreación que lleva a cabo la Fiscalía Especializada en Atención a Delitos contra la Libertad de Expresión de la PGR.
La reconstrucción de los hechos comenzó en punto de las 12:00 horas de este lunes y en estos momentos continúa.

En un momento más información.

May 222017
 

Aarón Ibarra/Rìo Doce

La primera vez que escuché el grito me pareció muy gracioso. Recuerdo que se lo escuché a Andrés Villarreal. Instalados en un segundo piso, abre la ventana de la redacción y lanza un grito: ¡Fui cartero!

Ese fue mi primer viernes de cierre de edición en el semanario. En aquel entonces casi todos escribíamos en la sala de juntas sobre una mesa redonda. Ahí, tras el grito de Andrés, el segundo en soltar la carcajada fue Javier, quien por mi condición de “el nuevo” me da la explicación.

“Es que yo fui cartero”, dijo. Nunca supe si lo dijo de broma por mi reacción, o si lo dijo en serio, pero era un chiste local que nunca fallaba. Cuanto más tensa está la redacción, Andrés abre la ventana y grita: ¡fui carterooo!

Ismael Bojórquez me advirtió que los viernes así serían. “Bato, aquí los viernes es de fiesta, es nuestra fiesta”, me dijo el primer lunes en que me presenté al periódico y lo pude constatar el primer viernes de mi primer cierre: chicharrones, jocoque, chips de jalapeño, cacahuates y unas cervezas Indio.

Lo que pocos saben (o de alguna manera lo saben todos) es que Javier sí fue cartero. Semana a semana nos escribía historias y nos las entregaba de manera personal. Una prosa muy particular nos daba testimonio de gente que conoce gente, historias del primo del amigo, historias que bien pudieron suceder en cualquier momento en Culiacán. “Aquí la Malayerba, consuman y rolen”.

¡No mames, Javier, qué haces! Le grité a su cuerpo cuando lo vi en el asfalto. Boca abajo le reclamaba al cartero que se levantara, pero no me hizo caso. A un costado Ismael, y pensé en que jamás vi a un gigante tan pequeño como en ese momento, alguien tan seguro y fuerte siendo tan vulnerable: le arrancaron un pedazo de vida.

Javier fue cartero, pero también fue amigo; fue reportero, pero también fue humano; fue padre y hermano y ahora deja viuda y huérfanos… sí, Javier fue cartero y muchas otras cosas más y ojalá la ciudad entienda que él puede ser todo eso, menos una víctima más. Javier no puede ser un número en una estadística por consultar de los más de 600 homicidios que han golpeado a Sinaloa y de los siete periodistas caídos por las balas del crimen. Por eso, yo también grito.

¡Fui carterooo!

May 222017
 

Río Doce/Oscar Fidel Gonzàlez Mendivil

Lo supe al salir de una reunión. Me marcó el Poncho. Contrario a su estilo bromista y dicharachero me soltó la noticia en forma lacónica: “mataron a Javier Valdez”. Incrédulo le respondí que no podía ser. Iba manejando por Ciudades Hermanas y no supe qué hacer, no atiné a orillarme, maldecir, llorar o gritar.

Para mí el desconcierto llegó primero que el dolor o la rabia. Como autómata conduje hasta casa. Encender el televisor, checar redes sociales, ir a los sitios web de noticias. En todos ellos se difunde una imagen terrible por la ausencia que presagia. El cuerpo tendido sobre el pavimento, cubierto por una manta y su distintivo sombrero caído a su lado. Me dolió verlo así. Me dolió el tiempo que estuvo así, más allá de lo razonable según la piedad.

Veo imágenes de funcionarios desconcertados. Voces que declaran palabras sin sustancia. Voces en las que se atisba el deseo de pasarle el caso a alguien más. La mente se impone. Regresa a la imagen y decide que no es así como lo vamos a recordar. La memoria rescata la última, la única fotografía que nos tomaron juntos, desayunando en el Bistro Miró apenas en marzo.

Las ceremonias son para los vivos. En el velorio coincidimos amigos, colegas, familiares, alumnos, mucha gente. Entre todos, en las charlas, se va tejiendo la idea colectiva de Javier, salen de nuevo los raídos lamentos por Culiacán y se desgasta de tanto usarlo el discurso sobre la violencia.

El recuerdo transforma a una persona porque la rescata en sus virtudes y vivencia personal. La memoria es vida. Javier me llevó a escribir a Ríodoce, me insistió, persistió y me convenció. Por tres años repetí el ritual semanal de enviarle mi colaboración a él y copia para Ismael. Ellos me aceptaron de manera generosa. Cada año me invitaban a la posada que solo conocí por las imágenes que compartían en Facebook.

Javier, el bato, el periodista, el esposo y padre, el escritor, mi amigo, amigo de muchos, ya no está pero permanece. El dolor de la ausencia nos lleva de manera natural al reclamo. Se reclama a quien debe actuar que haga algo, algo no, que cumpla su función.

Al mismo tiempo se sopesa la desesperanza. ¿Y si el reclamo termina habitando el vacío como otros que le antecedieron? ¿Y si apostar a la indolencia se impone? ¿Qué hacer entonces? No sétú paisano, pero de entrada yo necesito saber qué pasó.

Eso significa que la autoridad debe realizar una buena investigación. Y el punto central es la identificación de los autores materiales, intelectuales y cómplices, si los hubo. No se trata de mencionar públicamente rumores o líneas de investigación, sino de buscar elementos de prueba para acreditar la responsabilidad de los asesinos.

Esta labor no puede esperar. Las omisiones en la etapa inicial de cualquier indagatoria difícilmente se subsanan con intervenciones posteriores. Por lo tanto, el énfasis en este momento debe ser el análisis de los datos que arrojen los estudios periciales y el acopio de información de inteligencia.

Plantear la investigación desde la óptica de preparar una declinatoria de competencia hacia la PGR o de crear una fiscalía especial para el caso, es distraer tiempo y recursos en el afán de administrar una crisis, no de resolverla.

La autoridad debe escudriñar detenidamente a la delincuencia organizada en el estado. Los componentes del Cártel de Sinaloa, su jerarquía, sus fracciones, sus células, sus asesinos, ahí es donde debe fijar la mirada, no en la reconstrucción de pláticas de la víctima con todos sus interlocutores.A los cobardes homicidas les deseo la maldición de las Erinis, que la sangre derramada les persiga y no conozcan la paz hasta que paguen por su crimen.

¿Y Javier? Creo que el tema de su muerte es muy importante, pero no es lo principal. Hay que celebrar su vida. Hay que organizar un esfuerzo colectivo para que otras generaciones lo sigan descubriendo, que sepan que hay personas que encontraron formas de ser culichi que tienen que ver con la integridad, el esfuerzo, la bonhomía, la sencillez.

Hay que leerlo y releerlo. Hay que crear cátedras con su nombre. Hay que demostrar que no es un fantasma que se desdibuja en el tiempo, sino presencia activa que cuestiona nuestra pasividad frente al mal. Hay que seguir queriendo entrañablemente a este bato.

May 222017
 

José A. Ríos Rojo/Río Doce

JUSTICIA Javier Valdez JUSTICIA Javier Valdez JUSTICIA Javier Valdez

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May 222017
 
Javier Valdez. Foto cortesia de Javier Valdez a objetivo7.

Javier Valdez. Foto cortesia de Javier Valdez a objetivo7.

Andres Villarreal/Río Doce

Muy querido Javier:

Caminas con el peso del mundo encima. Es monumental. Cualquiera otro sería un chicle bajo el zapato. Pero tú, Javier Valdez Cárdenas, firmas y hablas echándote encima más historias, más peso. Con cada historia reporteada, con cada anotación en la libreta y el pleito con el teclado,te pusiste a cargarlos a todos: desaparecidos, buscadoras, desplazados, huérfanos, heridos, muertos.

Hay un mosaico de este México que fuiste armando minuciosamente con cada piececita. Escuchándolos a todos. Una herida de sangre salpicando, que no cicatriza nunca. No sabes cómo sacudirte tantas historias, nos quieres además.Inconforme, siempre, te propusiste ser todos ellos: un desaparecido, un buscador impertérrito, un desplazado de tu tierra, un huérfano, un herido, un muerto.

Javier, tendrás que creértela, te hiciste dueño de una escritura y una voz. Es tuya y tendrás que creértela de una vez por todas. Sacudirte esa incredulidad perpetua.La voz que fuiste afinando por años de batallas periodísticas se escucha clarita. Por eso no te sorprenderás de lo que pasa…y creerás.Maldito incrédulo, tendrás que creer. Siempre imaginándote desnudo en medio del páramo. Solo creerás porque lo digo yo.

Javier, tu nombre está en todos lados. Pero el precio es el más caro que pudiste pagar. Nos haces pagarlo a todos, pero hasta en eso te llevas la peor parte. Siempre preocupado por todos. Nosotros nunca lo suficiente por ti. ¿Creerás que hasta el gobierno de Donald Trump le pidió a Enrique Peña el esclarecimiento de tu asesinato? —Pinche Trump—.

Y el Presidente Enrique Peña citó a todos los gobernadores porque ahora sí se implementará un mecanismo de protección a periodistas y defensores de los derechos humanos. Y tenía los ojos rojos, se veía demacrado. —Qué actorazo Peña—.

Aquí naciste. Tenías que nacer en Culiacán, en Sinaloa, en México. “…una ciudad violenta, capital de un estado cavernario” (escribiste).Donde “es un peligro estar vivo y hacer periodismo es caminar sobre una invisible línea marcada por los malos que están en el narcotráfico y en el gobierno” (dijiste, repetiste, repites). Aquí te quedaste. “Morir es una delicia frente a esta cada vez más generalizada práctica, igualmente macabra y criminal, de privar de la libertad a una persona, de desaparecerla.” (tecleaste).

Todo esto ya lo sabes. Divago.

Lo que no sabes es que son muchísimos quienes te piensan. En este Culiacán más tuyo que nunca. En otras ciudades. En varios países. La lista de nombres es larga. En otra carta mandaremos los detalles. Videos, columnas y notas. Leerlos te hará bien.Escucharlos te reconfortará. No solo hay amigos. Hay incluso detractores de antaño. Si te reconocen tus enemigos has pasado de nivel. También otros quienes ni siquiera conoces, pero ellos a ti sí, quienes alguna vez te escucharon o leyeron.

Ahora te entiendo un poco más, Javier, esa terquedad de buscar y apropiarse de sitios en tu ciudad que se convertían en un santuario. Cafés, cantinas. Todos sitios públicos. Ese gusto particular tuyo, Javier, por estar solo en medio de tanta gente. Solo en la multitud.

Es curioso entonces que te apropiaras también de palabras como páramo, oquedad, azoteas. Qué fijación la tuya, Javier, con las palabras que abarcan la soledad. Armaste un estilo que es solo tuyo en el periodismo mexicano. Así como te apropiaste de los sitios lo hiciste con muchas palabras por las que ahora nos tendremos que pedir permiso por derecho de autor. Ninguno de nosotros puede usar esas palabras sin pedirte permiso, Bato. (Tampoco esa podemos usarla).

El juego de las escondidas continúa Javier. Tú nunca te escondes, vives en la luz. Pero los malditos sí se esconden, viven a oscuras, aunque piensen al revés. Algún día derrotaremos a los malditos.

Por ahora lo complicado será enviarte el Ríodoce cada domingo, sin falta, nunca entendí donde reciben la correspondencia los carteros.

Primera cita

(Escribir) “Ya no alcanza el español, nuestras palabras para contar lo que pasa ya no alcanzan, de plano. Se necesitan muchos adjetivos y nos quedaríamos cortos.” Javier Valdez Cárdenas, Huérfanos del Narco.

Deatrasalante

(Ayer es hoy)Fui el presentador oficial de los libros de Javier. No me había dado cuenta hasta hoy, revisando los archivos, que uno tras otro me fue dando ese privilegio. El último fue Narcoperiodismo. La prensa en medio del crimen y la denuncia. Hablé y hablé, pero las decenas de estudiantes esperaban escuchar a Javier. Se fue haciendo experto en atraer la atención, especialmente de jóvenes. Una palabra altisonante aquí y otra allá le iban dando la oportunidad de atraparlos, aunque en las manos trajeran el celular.

Hoy reviso aquel ayer de lo que dije, y como muchas otras situaciones que nos han pasado, suenan raras:

“No esperen una escritura complaciente. Javier Valdez no sabe escribir así. Se involucra, vive, sobrevive, se ahoga en la historia porque solo a punto de morir es posible saber que seguimos vivos.

“Temo algún otro libro de Javier Valdez, va dejando pedazos de sí mismo en cada uno de ellos, temo pues, que un mal día me digan que se entregó por completo y no queda nada de él.”(PUNTO)

May 222017
 

Ismael Bojorquez/Río Doce

Fui el primero que vio a Javier tirado boca abajo sobre el pavimento. Una siniestra casualidad. Iba en mi auto hacia la oficina y de lejos me pareció que habían atropellado a alguien. Más de cerca me llamaron la atención el sombrero ligeramente caído de su cabeza y los zapatos de minero. Me detuve y sin salir del auto pregunté,tratando de engañarme, qué había pasado, si habían atropellado a alguien. “No, lo mataron, le quitaron el carro”, escuché. Me bajé y di un rodeo al cuerpo inerte para verle el rostro.

Fue un golpe brutal. Y no por las reacciones nacionales y mundiales contra el crimen que inundaron los medios electrónicos y las redes sociales en minutos, sino en sí mismo, por lo que Javier Valdez Cárdenas representaba y representa para Ríodoce, para la gente que aquí labora, para sus lectores, para el periodismo, para la sociedad mexicana, ya no digamos para sus amigos y su familia.

Hace 14 años iniciamos este proyecto al que el moneroAVC ilustró como un pequeño barco de papel y alguien más como un gran “salto al vacío”, porque no teníamos nada para empezar que no fuera un manojo de sueños.

Arrancamos en medio del acoso de un gobierno infecto como lo fue el de Juan Millán Lizárraga, que nos tendió un cerco para “matarnos de hambre”, pero sobrevivimos. Poco a poco, a fuerza de un periodismo crítico, fuerte en sus señalamientos, de fondo en la investigación y hasta temerario en asuntos del narcotráfico, Ríodoce se fue posicionando como una lectura imprescindible en Sinaloa.

Llegó como un tsunami el tema de los cárteles de la droga a las redacciones a partir de 2005 —con el surgimiento explosivo de los Zetas y sus guerras por conquistar terrritorios— y Ríodoce se planteó cómo cubrirlo para proteger nuestra integridad. Así navegamos todos estos años, sobrevivimos a la guerra despiadada de los Beltrán Leyva-Carrillo-Zetas contra el Cártel de Sinaloa y a lo sumo, en 2009, alguien arrojó una granada en la parte baja de nuestras oficinas que no pasó a mayores.

En todos estos años Javier Valdez fue una pieza fundamental. No somos empresarios y solo hicimos la empresa que ocupábamos para mantener este pequeño barco viento en popa. Pero no más. Lo dijimos una y otra vez: no hicimos este periódico para hacernos ricos, así es que el poco dinero que entre lo invertiremos para mantener un buen equipo de trabajo y garantizar ciertos niveles de calidad. Las penurias económicas nos agobiaban pero nunca dejamos de pagar una quincena. De pronto caía agua al río y festejábamos como niños pero en las semanas siguientes de nuevo a la realidad. Nunca, jamás, por esta razón, alguien pensó bajarse del barco.

Tampoco por miedo a la violencia. El momento más tenso lo vivimos en la guerra que explotó en 2008 al interior del Cártel de Sinaloa y nadie reculó. Bajo el gobierno de Mario López Valdez, cuyas corporaciones policiacas fueron entregadas cínicamente a Ismael Zambada y a Joaquín Guzmán, tampoco. Sabíamos los peligros que se cernían sobre nosotros, pues en agosto de 2011, primer año del “gobierno del cambio”, fue asesinado el periodista Humberto Millán. Pero seguimos adelante.

Fue hasta que reaprehendieron al Chapo Guzmán en Los Mochis, en enero de 2016, que las disputas entre sus hijos y Dámaso López Núñez por el control de la organización, trajeron como consecuencia una nueva etapa de violencia en Sinaloa. Pequeños enfrentamientos, ejecutados por acá y por allá, reuniones de conciliación convocadas por el Mayo Zambada. Esto en 2016. Hasta que ocurrieron las incursiones de gente armada a Villa Juárez, Navolato, en febrero de 2017 y a los cuales les siguió una guerra mediática. Los hijos del Chapo enviaron una carta a Ciro Gómez Leyva y por esos mismos días Dámaso López Núñez busca espacio en dos impresos de Sinaloa, Ríodoce y La Pared, a quienes concedió entrevista vía mensajes telefónicos, donde se deslinda del ataque que los Chapitos le atribuyeron. La entrevista la hizo Javier, pues a él lo habían buscado.

Los hijos del Chapo se enteraron que habíamos entrevistado a Dámaso y presionaron a Javier para que el trabajo no se publicara. Pero les negamos la petición. Luego le hablaron porque querían comprar toda la edición, pero tampoco se les concedió. Y entonces optaron por seguir —en Culiacán y Mazatlán— al personal que entrega los ejemplares en las tiendas y en cuanto los dejaban contra recibo, ellos los compraban. Eso fue el 19 de febrero. No usaron la violencia, pero sí la intimidación.

Fue a partir de estos hechos que sentimos inseguridad, sobre todo por Javier. Ya de por sí la emboscada del 30 de septiembre, donde murieron cinco militares, había enrarecido el ambiente. Acordamos que debería irse un tiempo de la ciudad. Él mismo planteó el asunto con organismos internacionales que le propusieron enviarlo un tiempo fuera del país, pero le costaba trabajo separarse de la familia. Ríodoce tenía pendientes reportajes en otras entidades y le propusimos que fuera él a reportearlos para que descansara de esta ciudad de mierda. Pero la falta de recursos y la desidia nos ganaron. La Jornada, luego del asesinato de MiroslavaBreach en Chihuahua, le propuso algo semejante pero tampoco se concretó. Con los días, las cosas parecían haberse calmado. La detención de Dámaso López Núñez cargaría los dados hacia un lado y era de sentido común esperar una paxnarca. Lo comentamos el mismo lunes por la mañana antes de que lo mataran. Pero estábamos equivocados.

Como nos equivocamos también al entrevistar a Dámaso, porque de esa forma nos metimos a una guerra mediática que no era nuestra, provocando el disgusto —sin que fuera nuestra intención—de la otra parte. Por eso el decomiso de los ejemplares del domingo 19.

Bola y cadena

EL MIÉRCOLES NOS REUNIMOS EN RÍODOCE para planear, en medio del llanto y la pesadumbre, la próxima edición. Creía conocer a todo el equipo, uno por uno de los reporteros, el personal administrativo, los encargados de la web y redes sociales. Pero no. Son todos y cada uno mucho más grandes y fuertes de lo que yo pensaba. La flaqueza solo se reflejaba en lágrimas por el dolor del compañero que habían asesinado, pero nunca por el compromiso que teníamos enfrente. Nadie preguntó si seguíamos o no. Todos lo dimos por hecho.

May 212017
 

AUNQUE NOS MATEN, NO VAN A CALLAR LA VERDAD”:
JACINTO RODRÍGUEZ, EXHIBE “LOS AÑOS DE LA GUERRA”

Inaugura la exposición fotográfica “2007-2017, Los Años de la Guerra” y el martes presenta la conferencia magistral de igual nombre, como parte del Librofest Metropolitano 2017

Azcapotzalco, Ciudad de México, a 20 de mayo de 2017

La guerra contra el narco nos ha desbordado, no sabíamos en lo que nos estábamos metiendo, resume el periodista Jacinto Rodríguez Munguía, coordinador de la Cátedra Granados Chapa que se imparte en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco, donde ayer se inauguró la exposición fotográfica “2007-2017, Los Años de la Guerra”, como parte del Librofest Metropolitano 2017.

Ni el gobierno, ni las instituciones, ni la prensa, ni la sociedad estaba lista para iniciar una guerra contra el crimen organizado, explica Rodríguez Munguía y describe los altos costos que ha pagado el país y se traducen en miles de asesinatos, desapariciones, familias destruidas y comunidades abandonadas.

“Han sido 10 años absurdos y aún no hay una respuesta institucional, oficial que pare esta guerra y que dé la oportunidad, en el caso de los periodistas y fotoreporteros, de ejercer nuestro oficio con libertad”, señala y recuerda que a pesar de las promesas del gobierno desde hace 14 años la violencia contra los medios ha sido sistemática.

Como una alternativa para entender una década de guerra en México decidieron montar esta exposición de 22 fotografías, algunas reconocidas internacionalmente y premiadas por la World Press Photo, que forman parte del trabajo cotidiano de los fotoreporteros Guillermo Arias, Alicia Fernández, Fernando Brito, Saúl Ruiz, Héctor Guerrero, Pedro Pardo, Mónica González, Encarni Pindado, Félix Márquez y Christopher Vanegas.

Así, imágenes de cuerpos a contra luz colgados desde un puente, rostros consternados, féretros, flores, cuerpos fragmentados en baldíos, sicarios exhibiendo sus armas y la búsqueda de desaparecidos, son algunas de los temas que retratan la guerra contra el narco en México y dan cuenta de la labor que hace la prensa diaria para dar que el mundo conozca la tragedia que enfrenta México.

“Es una selección muy bien hecha, con imágenes premiadas, algunas fuertes pero esa es la realidad y la labor de nuestro gremio es darle visibilidad”, señala Jacinto Rodríguez, quien encuentra que dar visibilidad a la crudeza de la guerra ha sido uno de los aspectos más difíciles.

Jacinto Rodríguez, quien este martes impartirá la conferencia magistral sobre “Los años de la guerra”, teniendo como invitado al reconocido fotoperiodista Pedro Valtierra, insiste en que la mejor forma de corresponder a los periodistas que han dejado la vida para documentar está guerra es seguir trabajando para hacer visible lo invisible.

El investigador explica que también para la prensa esta ha sido una década de aprendizaje doloroso, de muy alto costo, “hemos tenido que aprender en el día a día como cuidarnos, como protegernos, para seguir informando”, dice.

Recordando las decenas de periodistas muertos y los cientos de comunicadores desaparecidos, Jacinto Rodríguez argulle tajante que no hay modo de confiar en las autoridades cuando no existe un sólo detenido.

Seguir trabajando debe ser la respuesta de la prensa ante los asesinatos contra el gremio, “hacer visible lo que no quieren que se vea y aprender a cuidarnos, porque por más que nos callen, por más que nos maten, no podrán callar la verdad” concluyó Rodríguez Munguía.

May 202017
 

Río Doce.-

La imagen del periodista Javier Valdez Cárdenas, asesinado el 15 de mayo en Culiacán, fue incluida en un mural que se realizó dentro de las actividades de El Otro Festival, celebrado en Monterrey, Nuevo León.

Dante Aguilera Benítez, artista de Culiacán, quien fue invitado a participar en el programa, explicó que originalmente el mural abordaría los temas de Ayotzinapa, Congreso Nacional Indígena y los desaparecidos en Nuevo León, pero el día que lo iniciaron, ocurrió el crimen de Javier, por lo que decidieron pintar también su rostro como un homenaje y una protesta.

“Fuimos parte de los artistas invitados, somos un compañero y yo del Colectivo Gran Om & El Dante, sin embargo justo cuando empezaríamos el mural (lunes por la mañana), me entero de la noticia del asesinato de Javier Valdez, lo cual nos dolió bastante, tanto a lo organizadores acá del festival, que conocían su gran trabajo periodístico, como a nosotros, y principalmente a mí, pues era una figura de gran respeto y cariño”, expresó.

“Él siempre apoyó los distintos proyectos que he comenzado y me alentaba a seguir haciendo, pues decía, era necesario recuperar los espacios públicos, y que no había mejor forma de hacerlo que a través del arte; así que sin dudarlo sacamos un cartel en su memoria y decidimos integrar su imagen al mural, que en un principio sólo había sido pensando sobre el CNI y el Concejo Indígena de Gobierno”.

Javier, añadió fue también un gran apoyo para el programa RecuperArte, que realiza actividades de espacios públicos, principalmente en Culiacán.

“Él nos ayudó a darle difusión al proyecto, y de ahí nació la amistad, y el compa Javier Valdez apoyó varias de las intervenciones de murales que hemos realizado en Culiacán, tanto con dinero, como apoyo moral , siempre”.

El mural titulado “Es el tiempo de la voz de los pueblos”, que hoy se espera concluir, incluye la leyenda “Javier Valdaz vive”, se ubica en las calles Ruperto Martínez , entre Doctor Coss y Juan Zuazua, en Monterrey.

En dicha obra, hoy periodistas de Monterrey colocaron una ofrenda en memoria del fundador del semanario Ríodoce.

El Dante adelantó que en Culiacán, del 17 al 25 de junio realizarán un festival en honor a Javier, que incluirá pinta de murales, talleres y un evento cultural con música y otras intervenciones.

“Antes de la noticia de Javier estábamos organizando un festival de Arte Urbano en Culiacán llamado La Otra Mirada, y justo ahora toma mayor relevancia y con mayor razón y significado lo realizaremos, y claro, será una forma de honrar y recordar a Javier Valdez”.

May 202017
 

Alejandro Macias, al servicio de los dinosaurios.

Alejandro Macias, al servicio de los dinosaurios.



Cuauhtémoc Villegas Durán

Mario Luis Ramos Rocha, jefe de prensa de la CNOP “sólo busca empleo en el gobierno del Estado de Aguascalientes” y sí, Alejandro Macías Ezqueda, jefe de prensa del Partido Revolucionario Institucional (PRI) Aguascalientes quería que golpearan al reportero Alán Palafox Porter, por órdenes de la presidenta estatal del partido Norma Herrera Esparza, declaró en exclusiva a Objetivo7 el empresario, político y periodista Teodulo Nuñez.

En días pasados, el portal El Clarinete, propiedad del esposo de la Secretaría de Prensa del gobierno del Estado de Aguascalientes, Adriana Jurado Valadez, dio a conocer una llamada en la que Teodulo Nuñez habla con Mario Luis Ramos acerca de como Alejandro Macias quería que golpearan a Alan Palafox Porter, socio del portal El Metropolitano, identificado como un medio del panismo, pues Palafox Porter ha trabajado en la administración panista de Jesús María y su periódico además recibía dinero de ese municpio. Para que los periodistas puedan trabajar con los políticos del PAN deben registrarse como militantes del partido, es necesario.

Por si fuera poco, la llamada, asegura Teo, como se le conoce el el gremio periodístico, fue grabada por el propio Mario Luis, quien le habría pedido 30 mil pesos prestados pues acababa de perder el trabajo como jefe de prensa del PRI Estatal y se encontraba sin dinero. Ademàs es una llamada de hace alrededor de un año, cuando estaba la campaña electoral por la gubernatura, municipios y diputaciones.

Todo era, además, parte de la campaña de Norma esparza para que perdiera el PRI y ganara el delfín del gobernador, su supuesto enemigo, el panista Martín Orozco Sandoval.

Teo Nuñez dice que de hablar, derruirá al PRI pero que sí le pidieron golpear a Alán, pero el se negó y nunca puso un precio sino que dijo que en la campaña (fue candidato a diputado) el PRI no le dio ni una camiseta, ni dinero, ni gasolina, para la promoción política. Que no tenían porque pedirle eso y que jamás lo ha hecho ni lo haría pues Alán es su amigo.

Teodulo Nuñez se pregunta el por qué el director del El Clarinete y corresponsal de la Jornada, Jairo Bañuelos no lo ha buscado para conocer su versión y lo acusa de ser participe del complot para acabarlo políticamente, pues encabeza un proyecto de Barrios Unidos de Aguascalientes que apoya a Morena, a López Obrador en específico.

Teo Nuñez dice que cuando iba a dar una rueda de prensa por un problema en un evento de campaña electoral en Jaltomate, de la ahora presidenta municipal Tere Jiménez, fue callado ya que afectaría la campaña de Martín Orozco, protegido del entonces gobernador Carlos Lozano de la Torre.