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Feb 032015
 

congreso sinaloa

 

En las últimas semanas hemos sido testigos de hechos, en Sinaloa y en México, que nos sirven para aquilatar la clase política sinaloense. Nada nuevo por cierto, pero no por ello desdeñable. Al contrario. El país se niega a cambiar y ahí están los resultados: el encono nacional, la crispación de los jodidos —siempre, quién sabe por qué será, con las cargas más pesadas—, la soberbia del Gobierno, la condena internacional, la economía a pique.

¿A dónde se encamina México? No es fácil responder esta pregunta, aparentemente tan sencilla. Acabamos de pasar por doce años de gobiernos panistas que solo nos vinieron a decir, a muy alto costo, que ellos fueron mejores como oposición. Fueron, porque ahora ni gobierno ni oposición —quién sabe dónde hay que ubicarlos.

Y el multicitado regreso triunfal del PRI a Los Pinos duró, como dice el poeta Joaquín Sabina, “lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks”.

El gobierno del PRI se encuentra acorralado, agobiado y no solo por el tema Ayotzinapa, que podría ser suficiente para derrumbar cualquier gobierno en cualquier democracia real, sino por el cúmulo de señalamientos de corrupción que han salpicado nada menos que a la máxima figura política de este país, la presidencial, sin que se den, todavía, explicaciones convincentes.

Por si esto fuera poco, la violencia sigue campeando en todo el territorio nacional, por más que quieran minimizar su impacto con políticas mediáticas. Iguala, Guerrero, es ahora el ejemplo más claro y doloroso. Y como si no le faltaran problemas a Enrique Peña Nieto, la economía ha entrado en una fase crítica que no se veía desde hace años, obligando al gobierno a recortar el gasto, por lo pronto, en poco más de 125 mil millones de pesos, equivalente a lo que la federación le asigna a Sinaloa para su gasto de dos años y medio.

Pero lo peor que le está pasando al país es que las respuestas del Gobierno ante estos problemas no convencen a nadie y entonces no se mira la luz al final del túnel. Por el contrario. Si es en el caso de la famosa “casa blanca”, la reacción de la pareja presidencial fue tan desafortunada que la señora quedó como villana de telenovela.

Y si es el caso de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, la cosa está peor, porque mientras la PGR habla de la “verdad histórica” y del caso científicamente cerrado, por todo el país se pueden ver las venas abiertas, por donde sangran airados reclamos de justicia.

El PRI regresó a Los Pinos, es cierto, pero no al mismo país que dejaron hace 14 años. El pueblo es otro. Por eso Michoacán y sus autodefensas, por eso la Montaña, en Guerrero, y sus policías comunitarios. Por eso Cherán y su autogobierno en la Meseta Purépecha.

El Gobierno de Enrique Peña Nieto juega con fuego al no dar respuestas convincentes a los problemas que ahora afronta este país. Se olvida, ya lo dijimos aquí hace unos meses, que el único que está obligado a  salvarse en medio de esta crisis es él. Ningún otro. Pero, por lo visto, camina en el sentido opuesto. Y Dios nos coja confesados.

 

***

 

Sinaloa no escapa al horror nacional. Seguimos siendo una de las entidades más violentas y el narcotráfico permanece intocado a pesar de las detenciones de medianos y grandes capos. Pero lo más destacado es tal vez la degradación de la política y de los políticos. El tema de los hospitales se sofocó por cálculos políticos, no porque el Gobierno y el Congreso hubiesen escuchado a los que se oponen a su construcción a costa del compromiso de los recursos federales asignados a Sinaloa hasta por 25 años.

Quince días después, el Congreso volvió a convertirse en el gran cómplice de las trapacerías hechas en la administración estatal, ahora avalando la cuenta pública correspondiente al primer semestre de 2014, donde aparecieron seis préstamos conseguidos sin la autorización del Congreso del Estado.

¿Se acuerdan de Humberto Moreira, el ex gobernador de Coahuila? Aquí se está gestando algo parecido. Y lo peor, como allá, es que el destino de estos recursos, casi 3 mil millones de pesos, se desconoce.

 

Bola y cadena

BIEN POR LOS DOS DIPUTADOS DEL PRD en el congreso estatal, que han estado asumiendo posturas de auténtica oposición ante estos asuntos. Alguien tiene que gritar, aunque estemos en un desierto.

 

Sentido contrario

EL GOBERNADOR Y SUS colaboradores pueden viajar a donde quieran siempre que busquen con ello beneficios para los sinaloenses. Es común, sin embargo, que viajes se hacen y que nunca o casi nunca se aprecien los resultados, porque, además, siempre se buscan cosas que vendrán con el tiempo: inversiones, turismo, etc. Esto viene a cuento por el viaje que la semana pasada Mario López Valdez hizo a Arizona en compañía de buena parte de su equipo. Estuvo solo unas horas, se tomó una foto con alguien para justificar el gasto, luego asistió a un torneo de golf, su principal propósito… y se regresó. ¿Valía la pena el viaje en términos de costo-beneficio? ¿Por qué tanta fauna de acompañamiento?

 

Humo negro

YA LO HABÍA DICHO EL MARTES, pero lo repitió de nuevo el miércoles, como para que no quedara duda. Juan Eulogio Guerra Liera, rector de la UAS, pidió a los partidos políticos que respeten a la  universidad, que no se metan a hacer política ahí y que no la confundan como “traspatio” de la contienda electoral. ¿Es un chiste, rector? Digo, porque solo le faltó decir que en la UAS solo cabe el PAS, debido a que del vientre rosalino salió ese partido, recursos de por medio. Acusó, en la misma arenga, a quienes andan rifando tablets con fines aviesos. Bueno, ¿y la UAS no da becas y calificaciones, horas-clase, plazas, a quienes se han sumado al Partido Sinaloense? ¿De dónde han salido los candidatos de ese partido? ¿De dónde provienen los brigadistas, esas parvadas de jóvenes preparatorianos reprobados que colman los cruceros buscando un “9”? ¿Con qué recursos hacen campaña? ¿A qué le apuesta, rector?

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