Nov 062018
 

CONSULTA CIUDADANA. Sobre nuevo aeropuerto.

No les basta que sea un ejercicio no constitucional que sólo sea indicativo de una decisión que AMLO asumirá cuando sea, muy pronto, un presidente en funciones.

Tampoco les gusta seguramente si la decisión la hubiera tomado ya en funciones porque sería “una barbaridad, cómo interrumpir algo que está en marcha”.

¿Qué acaso no considera el dinero invertido y que sería echado a la basura?, dirían con franca y abierta molestia.

No le creen cuándo dice López Obrador que no debe haber preocupación entre los empresarios porque obra habrá y mucha, sólo que, en lugar de Texcoco, será en Santa Lucía.

Menos, cuando dice que este cambio permitirá ahorros por más de 100 mil millones de pesos.

Y todavía menos le creen cuando afirma que serán tres aeropuertos en lugar de uno y el problema de la demanda estaría resuelto para los siguientes treinta años.

Vamos, como no quieren creer nada, no les convence cuando dice que si el problema son los traslados desde Toluca a la ciudad de México, está considerado un tren de pasajeros que haría el trayecto de ida y vuelta.

O menos, como ya se valora, que habrá conexiones a otros aeropuertos porque el 75 por ciento de los viajeros no tienen como destino final la Ciudad de México, sino otras ciudades del país y simplemente serían estos aeropuertos lugares de tránsito.

Y es que no quieren escucharse más que a sí mismos, o con los mismos que alimentan su delirio en la radio, la tele o las redes sociales, los que afianzan su seguridad de que haga lo que haga el “loco” no sirve, está destinado al fracaso y nos habrá de llevar a una tragedia nacional.

He visto y leído a gente juiciosa perdida en el delirio, pegados a la computadora para ver cuantos centavos perdió el peso luego de una declaración del Peje. Están obsesionados con el tipo de cambio, y cuando ven un cambio contra el peso por más ligero que éste sea, como los observados en los últimos meses, inmediatamente hablan de devaluación y sentencian: Vean, ahí está el efecto de la mala decisión y la pésima declaración, ¡Nos va a llevar la chingada!

Pero no solamente no le creen al Peje, no les vale el argumento de los vecinos de Texcoco que defienden esas tierras, esa parte de nuestra historia milenaria, la de los pueblos originarios, que en las decenas de cerros derrumbados estaban centros ceremoniales; y contra un pensamiento socialmente correcto y ecológico, no les dice nada que el lago ha sido siempre un lugar de refugio y alimento de aves.

O desdeñan la opinión de los científicos, que alertan de los riesgos ecológicos y para el abastecimiento de agua a la inmensa Ciudad de México.

No les interesa comprender que están ante un ecosistema de miles de años que con estas obras se alterarín definitivamente, incluso a riesgo de sus propias vidas y las de sus familias.

Y es que en la sinrazón no les importa nada que les pueda servir para matizar sus afirmaciones temerarias, lo único importante es echar abajo cualquier argumento y expresar el lastre de su delirio, ese malestar que no los deja dormir, y les termina por provocar taquicardia y pesadillas con una runfla de hombres y mujeres de cabello blanco que les legó una elección presidencial donde una amplia mayoría de hombres y mujeres, del norte y el sur, pobres y ricos, dijo el siempre sensato y oportuno: ¡Ya basta!

Esas voces que como duendes también les quitan el sueño y es que no quieren una sociedad de “chairos”, de gente que se siente libre en las redes sociales para cuestionar y molestar de una y mil maneras, aquel mundo excluyente donde se sentían cómodos.

Aun cuando la exclusión seguirá existiendo, estará ahí recordándonos que en el fondo, es el modelo económico que defienden los delirantes, con una pequeña gran diferencia: el ejercicio del poder será menos abusivo, ostentoso, reverencial, porque pretende ser más distributivo de los recursos escasos y devolver algo a la confianza perdida.

Pero aun así dirán: ¡Está loco!, perdidamente loco.

Artículo de opinión publicado el 4 de noviembre de 2018 en la edición 823 del semanario Ríodoce.