Oct 092017
 

Río Doce.- El periodista Javier Valdez Cárdenas fue incluido en el Memorial de Reporteros, inaugurado en Francia, dentro de las actividades de los Premios Bayeux-Calvados para Corresponsales de Guerra.

Junto a su nombre, se escribieron también los de los periodistas mexicanos también asesinados Cecilio Pineda, Miroslava Breach y Maximino Rodríguez, además de Stephan Villeneuve, Bakhtiyar Haddad y Véronique Robert, estos tres últimos fallecidos durante coberturas de guerra.

“Este año otra vez el costo pagado por la profesión es pesado. Stephan Villeneuve y Bakhtiyar Haddad fueron asesinados el 19 de junio en una explosión durante un informe sobre la Batalla de Mosul. Su colega, Véronique Robert, murió unos días después. Javier Valdez Cárdenas fue baleado y asesinado un mes antes en Culiacán, México”, señala la información.

El Premio Bayeux-Calvados para Corresponsales de Guerra, patrocinado por el Consejo General de Calvados y la localidad francesa de Bayeux, reconocen la excelencia profesional en la cobertura de situaciones de conflicto o de hechos vinculados a la lucha por la libertad y la democracia desde 1994, y este año se realiza del 2 al 8 de octubre.

Durante la inauguración del muro en la ciudad de Bayeux que honra a periodistas desaparecidos en 2016 y 2017 y que dio inicio a las actividades, Griselda Triana, viuda de Javier Valdez Cárdenas, quien fue asesinado el 15 de mayo pasado en Culiacán, cuestionó la falta de actuación de las autoridades para resolver el crimen y castigar a los responsables.

“No tenemos la menor duda de que a Javier lo mataron por su trabajo, como tampoco tenemos duda (ahora lo tengo que aceptar) de que al gobierno mexicano no le interesa ni está haciendo lo suficiente para que su crimen sea resuelto”, expresó.

“A Javier lo asesinaron en un país donde hay presidente pero no hay gobierno. En un país donde el narcotráfico todo lo corrompe y la clase política se vuelve cómplice. Javier, a través de sus trabajos periodísticos y en cada libro que escribió, desnudó una realidad que quienes tienen en sus manos las riendas del país no quieren mirar ni resolver porque quienes mandan son otros”.

Añadió que su esposo no fue “un periodista del silencio y eso le costó la vida”.

“El derecho a la libertad de expresión, decía él, no es un asunto solo de periodistas sino de toda la ciudadanía y para defenderlo hay que ejercerlo. A Javier solo podrían silenciarlo si lo mataban y lo lograron”.

Mencionó que en las líneas finales de su último texto publicado en la antología Periodismo escrito con sangre, Javier escribió que “el derecho a la libertad de expresión es un derecho ciudadano, un derecho humano y, vale la pena, en tiempos tan sombríos y convulsionados, levantar la palabra escrita y hablada, que muchos nos quieren arrebatar para imponernos el silencio. Para mí, dejar de escribir es morir, es dejar de caminar, de sentir, de experimentar la vida. El silencio es una forma de complicidad y de muerte. Y yo ni soy cómplice ni estoy muerto”.

“Sí, Javier está muerto. Lo asesinaron. Por eso es muy importante para nuestra familia el saber que aún hay lugares en este planeta donde sí les preocupa lo que les pasa a los periodistas. Qué este homenaje sirva para honrar su memoria y el legado que deja a todas las personas y a periodistas de todo el mundo, a quienes alentaba siempre a escribir y no callar”, agregó.

“Que también sirva para recordarle al presidente Enrique Peña Nieto que hizo el compromiso de aclarar el crimen de Javier, lo cual no ha cumplido. Exijo justicia, exijo castigo, y deseo que ninguna familia de ningún periodista más tenga que vivir la tragedia y el horror que nosotros estamos pasando. Yo no me conformo con esperar la justicia divina, yo quiero y exijo la justicia terrenal, que las instancias responsables de las investigaciones dejen de simular y ofrezcan resultados y se detenga y castigue a quienes asesinaron a Javier”.

La mayoría de las actividades del Premio se integran de conferencias y exposiciones de fotografías premiadas por el jurado, que en 2017 presidió Jeremy Bowen, corresponsal de guerra de la BBC, durante más de 30 años.

Las exposiciones muestran las luchas que se están llevando a cabo en todo el mundo y sus repercusiones sobre las poblaciones, entre ellos la guerra contra las drogas en Filipinas, la cual fue “presentada por un grupo de periodistas filipinos que documentan noche tras noche la represión sangrienta llevada a cabo por Rodrigo Duterte, que cuenta en un año de presidencia, más de 9 mil muertos”.

En la ceremonia estarían presentes familiares de los homenajeados.

Javier Valdez une a Culiacán en un grito: justicia

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Jun 192017
 

Las voces de las líneas no escritas: Malayerba nunca muere

Río Doce.- Y salieron otra vez. Ciudadanos de la capital sinaloense poco a poco colmaron la plazuela Álvaro Obregón, en el corazón de Culiacán. La calle como libro abierto, la gente como la pluma y sus protestas, las letras que Javier prolongay trasciende la hoja de papel impresa domingo a domingo: la Malayerba nunca muere.

Una señora cruza presurosa la avenida y su hijo le espeta el motivo de tanta gente. “Cuando la gente no está conforme sale a marchar, hijo”, responde la mujer. Y la gente, eran cientos de culiacanenses, armados con pancartas que contaron 31 días a partir de la última carta de Javier Valdez Cárdenas. La fatídica fecha de su asesinato no quieren quede impune. El cartero requiere justicia.

Apenas días atrás, durante un panel organizado por el Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP), Ismael Bojórquez Perea, director del semanario, formulaba un cuestionamiento.“¿Y qué pasaría si nos uniéramos los periodistas, si nos uniéramos los doctores, si nos uniéramos los abogados, si nos uniéramos los empresarios y los agricultores?”

Y así fue. El llamado hecho por Ríodoce hizo eco y encontró respaldo. Faltaban minutos para las 17:00 horas del jueves 15 y la artista Rosa María Robles preparaba una manta. Junto a ella otras mujeres se aprestaban a la tarea, cobijadas bajo la sombra de uno de los árboles de la plazuela. El inicio de la marcha se pactó a las 18:00 horas.

A unos metros, las escalinatas de Catedral no tuvieron aforo para los manifestantes y poco a poco fueron bajando a la avenida. Un agente de tránsito rápidamente bloquea el tráfico. El chofer de un urbano le mienta la madre y el agente vial pide apoyo a un compañero, y juntos desvían el tráfico a la calle Ángel Flores.

Habitantes de la sindicatura de Eldorado abrieron una manta que abarcaba todo el ancho de la avenida Obregón y fueron la punta de lanza. Aún no eran las 18:00 horas y la gente estaba lista para escribir sobre las hojas del pavimento una historia más.

Organismos civiles, partidos políticos, empresarios, amas de casa, estudiantes. Hombres y mujeres, cansados de la impunidad, se unieron a la indignación y juntos demandaron al unísono “Justicia para Javier Valdez, justicia para Javier Valdez”. Y una manta consigna: “Nosotros somos las voces de tus líneas no escritas en Ríodoce, exigimos justicia”, y atrás, la gente, como letras, como párrafos, remolinándose en las hojas negras del pavimento.

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De la marcha del dolor

El presidente de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Sinaloa, Óscar Loza Ochoa, toma el micrófono. La gente impetuosa quiere dar inicio, sin embargo, escucha las palabras. El nudo en la garganta se deshace por unos instantes.

“Este jueves ha sido el de las marchas del dolor”, pronunció Loza Ochoa. Ese día por la mañana, familiares de la niña Dayana marcharon también. Además, manifestaciones similares se llevaron a cabo alrededor de Sinaloa y México.

“Porque en el caso Javier también vemos reflejados todos los casos de desapariciones forzadas en Sinaloa y también en México, porque en el caso de Javier tenemos que vernos todos. El dolor que sufren las familias que directamente son víctimas de la violencia, es el dolor que debemos de sentir todos también, y el ir al Palacio es exigir justicia para el caso de él y para todos los que están pendientes por la impunidad que hay en el estado de Sinaloa y en el país”, dijo.

A su lado, las mujeres que integran el colectivo de Voces Unidas por los Desaparecidos cogieron sus mantas y pancartas. Una de ellas con un cartel del artista gráfico Dante Aguilera con la imagen de Javier Valdez, y otras, la mayoría, con fotografías de sus desaparecidos. El dolor unió a Culiacán.

De entre la gente surge un hombre. A pesar de contar con algunas canas en su cabellera y el sudor que le empaña sus anteojos, no se dobla. Sobre sus hombros carga una cruz negra en donde se logra leer “Javier Valdez 15 de mayo de 2017”. El hombre es Salomón Monárrez, líder de la Oficina del Pueblo. Dice a la gente que la va a colgar en el Palacio de Gobierno al término de la marcha. Honró su palabra, la colgó.

El termómetro, con sus 36 grados centígrados, apuraba a Miguel Taniyama, empresario restaurantero y activista social. Ataviado con su traje de chef corre entre la gente. En sus manos una bolsa con botellas de agua que repartió entre los que pudo.

También un maestro universitario retirado. Nació en Navojoa pero sus pasos lo trajeron a Sinaloa, y desde entonces no se pierde una manifestación. Crítico del sistema, sus años de juventud los vio pasar ayudando a la gente del campo, y ahora, la indignación por la impunidad lo llevó a las calles otra vez.

Los artistas aprovecharon y mudaron su escenario, su lienzo, su hoja en blanco, y la trasladaron al pavimento de Culiacán con la consigna de “No al silencio, no más violencia”. Actores, escultores, músicos, pintores, todos fueron amigos de Javier.

El contingente llegó al Palacio de Gobierno. Sobre la avenida de los Insurgentes, entre 600 y 700 personas encontraban un segundo aire después de la caminata de casi siete kilómetros sobre el asfalto caliente y los 36 grados centígrados. “Justicia para Javier Valdez, justicia para Javier Valdez”.

Alrededor de la explanada se fueron desplegando las mantas, y entre la gente, dos jóvenes con cubetas de pintura blanca y rodillos comenzaron una pinta sobre el piso del recinto. La gente les dio espacio y los reporteros gráficos rápidamente prepararon sus cámaras. La pinta comenzó con la letra jota, luego la u, y la ese, la te, la letra i y luego la ce para concluir con una i y una a. Una niña lo lee, despacio, y presume que ya sabe leer, “dice Justicia, dice Justicia”.

La pinta fue complementada con el nombre de Javier Valdezy a los dos jóvenes se sumaron otros más, una guerrilla de la manifestación; sus compañeros del gremio, unidos como pocas veces o casi nunca, leyeron la consigna blanca una vez concluida sobre el concreto de la explanada, “Justicia Javier Valdez”.

Al día siguiente empleados del Palacio de Gobierno quisieron limpiarla con agua y escobas. No lo lograron; tendrán que hacer algo más que sacar agua y escobas.

En la explanada, Ismael Bojórquez dio su discurso. “Javier vivió y murió por Sinaloa. Javier vivió dando la voz a las víctimas de la violencia, a las madres y padres con hijos desaparecidos, a las mujeres y niños abandonados en su soledad después de que sus esposos y sus padres habían sido ‘levantados’. Javier entregó su tiempo y su alma por los desplazados de la violencia, que como ríos trágicos bajaban de la sierra para recibir, cuando mucho, migajas del gobierno”.

Y muchos estaban ahí. Muchos de esas personas sobre las que escribió Javier, ahí estaban. Muchos, identificados con la pérdida, acompañaron a otros, y así la cadena. Ismael acertó con su aseveración al inicio de su discurso: Este es un día histórico para Sinaloa. Y es un día histórico para México.

Y lo fue. Un mes del asesinato de Javier Valdez puso en evidencia las estrategias de seguridad en Sinaloa, en donde más de 720 homicidios dolosos, 10 feminicidios y una impunidad de 96 por ciento, aquejan la entidad.

Adentro, los emisarios de la Secretaría General de Gobierno, entre el sudor y el nervio, apuraban a la comitiva que entraría con Gonzalo Gómez Flores, titular de la dependencia y quien en la ausencia del gobernador Quirino Ordaz Coppel los recibió. En la reunión, los reclamos casi idénticos, violencia e impunidad se repetían en cada oración y Gómez Flores tomaba nota.

Afuera la gente esperaba noticias. De manera oficial la Secretaría General de Gobierno se comprometió a dar respuesta a seis peticiones que le fueron entregadas de manera escrita y entre los que se encuentra una rectificación en las estrategias de seguridad y el esclarecimiento del homicidio de Javier Valdez Cárdenas. La respuesta tendrá que llegar este lunes 19 de junio.

La carta lleva copia para el titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión, Ricardo Sánchez Pérez del Pozo; y para Juan José Ríos Estavillo, titular de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa, y la crítica para ambos es la poca información vertida referente al caso.

La marcha culminó. Salomón Monárrez coloca la cruz en honor a Javier, le hicieron la promesa de no removerla. Y la mancha de personas se disipó entre el dolor que unió a Culiacán. También, los amigos de Javier unieron a Culiacán. A la marcha fueron el amigo del amigo. Aquel que escuchó una historia de él. O del otro que lo leía domingo a domingo. O solamente la madre que acompaña a su hijo, quien desde adolescente sueña con cambiar al mundo, y ella otra vez lo acompaña en su locura, y entre protestas y flashes de cámara, entre la gente y las transmisiones en vivo, marcha a su lado.

El dolor unió a Culiacán y el cartero demanda justicia. Justicia para Javier Valdez. No al silencio. Las líneas no escritas por Javier en Ríodoce se comenzaron a escribir sobre el asfalto desde el 15 de mayo, y la Malayerba nunca muere.

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En Los Mochis, los ausentes fueron los políticos, empresarios y burócratas

Los de a pie exigen justicia para Javier

Llegaron caminando, en auto, en camión, a la hora pactada: seis de la tarde de ese jueves 15 de junio, cuando se cumplía el primer mes del asesinato del periodista y escritor Javier Valdez, fundador de Ríodoce y corresponsal de La Jornada, ultimado a balazos en Culiacán.

Se acomodaron frente al parque Venustiano Carranza, ubicado en la calle Gabriel Leyva, entre Rodolfo T. Loaiza y el bulevar Juan de Dios Bátiz, al norte de la ciudad.

Eran unos actores variopintos. Desde niños hasta adultos mayores, algunos con andaderas. Desde jóvenes deportistas hasta muchachos en sillas de ruedas. Trabajadores, hasta pensionados y jubilados. Regidores hasta diputados locales, todos de oposición. Líderes sociales y dirigentes de agrupaciones. Periodistas, los menos, pese a que era una convocatoria tan abierta que hasta pugnaba por defender su derecho al trabajo libre de violencia.

Ellos, los protagonistas se habían enterado de la convocatoria del semanario en diversos medios. Algunos leyeron el periódico, otros, un diario local, alguien más lo escuchó en los noticieros y hubo hasta quienes fueron invitados por su vecino, pero todos, alrededor de 300 personas, estaban allí para marchar, para exigir justicia para el periodista Javier Valdez, y sus correligionarios ultimados en distintos estados del país en fecha reciente.

La mayoría vestía de blanco, como señal de que buscaban la paz para el estado.

La totalidad llevaba en sus manos algo que lo relacionaba con Valdez: un periódico, una playera, una plantilla, una frase; un recuerdo de aquella plática en la que sobresalía el madrazo seguro, típico en el culichi.

Mirna Nereyda Medina Quiñónez lo recuerda: “Él nos puso Las Rastreadoras”, y su rostro se ensombrece.

Mirna Duarte, directora de Dignifica tu Vida en Familia dice: “Su partida duele. Por eso marchamos. Por eso estamos aquí”.

Josefina Couret de Saracho, defensora de los Derechos Humanos en Choix, Sinaloa, manifiesta: “Fue un abuso la muerte de Javier. Él nos unió en esta demanda de justicia para todos. Dio la voz a todos, y ahora todos debemos darle esa voz de justicia”.

Guillermo Padilla, de Mochitenses por la transparencia, y Luis Felipe Villegas, de Rueda verde y regidor ciudadano, quienes ayudaron a organizar la marcha respondieron: “Nos convocaron, y estamos aquí, listos”.

Otros más, como Gorgonio Silva Gualizapa, Aidé Soto y José Ángel Sánchez, dirigentes de solicitantes de lotes progresivos de Topolobampo, de la asociación de precaristas “Se da tu vida Digna”, y de “Las Marías”, respectivamente, dijeron estar prestos para la exigencia de Justicia por Javier Valdez y para clamar por justicia para su sacrificio y por el de miles de sinaloenses cuyos casos han sido enterrados con la impunidad del Gobierno del Estado.

Así, ellos se aprestaron a caminar, y no se asustaron cuando policías ministeriales pasaron filmando la manifestación, pues ya curados de sustos hasta los saludaron.

Tomaron sus lonas, sus mantas, su periódico, la cartulina y se acomodaron sobre la calle Gabriel Leyva. A la vanguardia, una patrulla de Tránsito abanderaba al contingente; y en la retaguardia, la unidad de Protección Civil.

Así, caminaron por la Gabriel Leyva al sur, viraron al oriente por la calle Álvaro Obregón, doblaron en la Ignacio Allende y giraron en la Miguel Hidalgo. Habían rodeado el centro comercial de la ciudad, y se enfilaron hacia la plazuela 27 de septiembre, en donde se alzó un altar a Javier Valdez. Allí, en el quiosco, el contingente se arremolinó.

Se abrió el discurso, secundado por Gilberto Gutiérrez y terciado por los periodistas Óscar Flores y Humberto González.

El final es un coro a gritos: ¡Justicia para Javier! ¡Justicia para Javier!

Entre el público, el discurso caló.

El doctor José Villegas, lo resume: profundo, firme, dirigido. Lo dijeron todo.

Los que son cabezas de grupo se reúnen. Es el momento de agradecer la asistencia, y los comentarios finales. Todo bien, resumen. Y faltaron los que ya sabíamos que lo harían: los diputados priistas, los regidores priistas, los burócratas priistas; los empresarios acomodaticios que se quejan, pero no actúan por temor a perder los favores oficiales; los sindicatos charros y las organizaciones campesinas, rehenes del corporativismo priista.

Ellos se despiden, y prometen regresar, las veces que sea necesario.

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Cientos de mazatlecos marcharon por las calles del puerto

Al grito de “¡Justicia, justicia!”

“Mexicanos al grito de guerra”, fue la primera frase que entonaron cientos de mazatlecos que el 15 de junio marcharon en Mazatlán para pedir paz, seguridad y justicia.

Fue en la explanada de la presidencia municipal donde culminó la marcha que reunió a ciudadanos de la sociedad civil, muchos profesionistas, entre ellos los más agraviados.

Cronológicamente el golpe de la muerte llegó primero a los tres maestros acribillados en Concordia el 4 de mayo, luego el asesinato del abogado Miguel Ángel Sánchez Morán, el 12 de mayo.

Sólo tres días después, el escritor y periodista Javier Valdez Cárdenas, cofundador de Ríodoce fue asesinado, también a plena luz del día en la capital sinaloense.

Sin que la sociedad del sur de Sinaloa tuviera tiempo aún de asimilar el duelo, la inseguridad asestó otro golpe en contra de otra figura muy querida, tanto por su don de gente como por su profesión: el director de la clínica del ISSSTE en Mazatlán, Miguel Ángel Camacho Zamudio recibió un balazo cuando llegaba a su trabajo.

Antes y después de estos asesinatos, ocurrieron otros que también alertaron a la población, mientras las autoridades municipales se jactaban de que todo estaba bien y defendían su posición desde un “no estamos cruzados de brazos”, como lo declaró el alcalde Fernando Pucheta Sánchez.

Eso llevó a los profesionistas, comunidad universitaria, de médicos, de abogados y de periodistas, así como a la sociedad en general, a salir de nuevo a las calles a gritar “Ya basta”.

La calle Gutiérrez Nájera, Juan Carrasco y la legendaria Aquiles Serdán fueron testigos de la movilización y las consignas.

Héctor Melesio Cuen Ojeda, presidente estatal del PAS se sumó, dijo que como un ciudadano más, para exigir justicia y menos violencia en Sinaloa.

En la manifestación participaron hombres y mujeres de la sociedad organizada como el Colegio de Médicos y Cirujanos de Mazatlán, representado por el médico Marco Arturo López Castro; el Colegio de Abogados “Marco Antonio Arroyo Camberos”, A. C. conducido por José Antonio Serna Valdez; el Frente Amplio Mazatleco, con Arturo Lizárraga y Guadalupe Torres al frente, y los ex estudiantes de la Casa del Estudiante de la UAS (Exceuas), encabezados por Adalberto Valle y Mateo Núñez.

También respaldaron el llamado a la paz el Colectivo de Periodistas por la Paz y Libertad de Expresión, la Asociación de Médicas Cirujanas, encabezada por Emma Rodríguez; el Consejo de Organizaciones de la Sociedad Civil de Sinaloa, A. C., con Jorge Figueroa Cancino; José Guadalupe Morales de El Barzón, vecinos de Villa Unión, Frente Nacional Contra las Tarifas Eléctricas y Movimiento Amplio Social Sinaloense.

Pedro Brito Osuna, ex director de la Facultad de Ciencias Sociales de la UAS (Faciso) hizo un alto frente al Mercado José María Pino Suárez, donde decenas de hombres y mujeres observaban el contingente.

Explicó el motivo de la marcha y la indignación y necesidad de que la sociedad sea partícipe de este tipo de exigencias.

En el templete que fue colocado en la explanada de la Presidencia Municipal, uno a uno, representantes de sectores agraviados, expusieron sus motivos.

La exigencia para el gobernador Quirino Ordaz Coppel retumbó en el corazón del centro de Mazatlán.

¿Tendremos que salir armados?: médicos

El médico López Castro dijo que la comunidad médica está agraviada por el asesinato del doctor Miguel Ángel Camacho: “La comunidad médica de Mazatlán y el Sur de Sinaloa se une a esta marcha por la paz, agraviada por esta ola de violencia que ya nos afecta a todos. No es posible seguir prestando nuestros servicios en un clima de violencia, inseguridad, ya que varios médicos han sido amenazados, extorsionados o peor aún, asesinados”, dijo.

“Señor gobernador, la ciudadanía exige un alto a la violencia, no más muertes por criminales, ¿o qué, tendremos qué salir armados para defender nuestras vidas y la de nuestra familia, también como en los tiempos de las recompensas?”, cuestionó el médico.

“Ya no bastan las recompensas”: abogados

José Antonio Serna Valdez exclamó no a la impunidad en memoria de Miguel Ángel Sánchez Moran y se solidarizó con los periodistas y médicos por ejercer, al igual que los abogados, profesiones riesgosas.

“Hoy más que nunca hacemos un llamado a nuestras autoridades, a nuestro fiscal para que presten atención, no queremos más discursos, queremos al frente gente con vocación y entrega que sepa lo que esté haciendo”, aseveró.

Un estado de derecho es en el que una autoridad asume el control, consideró ante decenas de abogados que también marcharon en memoria de Sánchez Moran exigiendo el esclarecimiento de su asesinato.

Quirino y Pucheta ¿Ineptos o cómplices?

El médico Guadalupe Torres, en representación del Frente Amplio Mazatleco, expuso que “el gobernador Quirino Ordaz Coppel y el presidente municipal Fernando Pucheta, o son ineptos o son cómplices en el combate a la delincuencia”.

Dijo que el periodista es importante por ser la voz y letra de la sociedad: “Es un ícono porque es el denunciante general de la delincuencia, no solo de la civil, sino de la gubernamental”.

El médico indicó que el primer deber del gobierno es la seguridad, seguido por la salud y la educación, no colocar palmeras ni embellecer ciudades, y mencionó que “un mes sin resultados es lo esperado de un gobierno inepto, que cuenta con el 99.6 por ciento de asesinatos impunes”.

“Seguiremos exigiendo con mano firme”, advirtió.

Voces entre campanadas

La voz de Mateo Nuñez, integrante de Exceuas, no enmudeció ante el repicar de las campanas de la catedral de Mazatlán.

La peregrinación que la comunidad católica organizó para celebrar el día del Corpus Christi fue encabezada por una banda de guerra, que lejos de opacar la voz de Mateo, la enalteció: “Quiero exigir también por aquellas madres, hermanos e hijos que se quedaron esperando a un padre que nunca llegó por esa ineptitud que están en una burbuja haciendo glorietitas”, dijo.

Pidió por lo desaparecidos cuyas familias siguen esperándolos, y retó a las autoridades que anden en la calle sin guardaespaldas. Mientras, la banda de guerra y las campanas parecían competir con su voz. Mateo, campanadas y banda de guerra, enmarcaron el coraje de sus palabras.

El Himno Nacional fue el preámbulo para que Gabriel Michael Mueller, originario de Nebraska, quien tiene tres años viviendo en Mazatlán, cuestionara: “Como es posible que tengamos tanta violencia y corrupción, yo no soy corrupto, tampoco ustedes, entonces, ¿qué nos pasa? ¿De dónde salen la violencia y la corrupción?”

El pliego petitorio

Representantes de los grupos participantes acordaron emitir un pliego petitorio en el que piden al gobernador tomar medidas respecto a la inseguridad que prevalece en la ciudad.

Mazatlán, Sin. 15 de junio de 2017.

LIC. QUIRINO ORDAZ COPPEL
GOBERNADOR CONSTITUCIONAL

DEL ESTADO DE SINALOA.

P R E S E N T E.-

Por este conducto, de la manera más respetuosa nos dirigimos a Usted, ciudadanos del municipio de Mazatlán y zona sur del Edo de Sinaloa, para manifestarle nuestra inconformidad por los hechos violentos y falta de efectividad y credibilidad en las investigaciones de la fiscalía y los cuerpos policiacos. Aún no han podido esclarecer los múltiples hechos delictivos que aquejan a nuestra sociedad, por lo que nos manifestamos en una marcha pacífica como una expresión física que el pueblo del sur de Sinaloa está cansado de soportar tanto autismo de las autoridades del Estado, razón que nos ha llevado a incorporarnos a la convocatoria del colectivo de los periodistas por la paz y la sociedad civil organizada (que se enlista); acudimos y marchamos unidos a esta manifestación ciudadana.

No dudando de la responsabilidad ética que le compete, esperamos sin duda la efectividad en las acciones necesarias que deben realizarse en contra de la impunidad y la violencia en sus múltiples expresiones, asegurando la paz de nuestra población sinaloense, como lo marcan los derechos constitutivos de nuestra Carta Magna.

A T E N T A M E N T E

Colectivo de Periodistas por la paz y la libertad de expresión

Asociación de Jubilados

Vecinos de Villa Unión

Frente Nacional Contra Tarifas Eléctricas

Movimiento Amplio Social Sinaloense

Consejo de Organizaciones de la Sociedad Civil de Sinaloa AC

El Barzón

Frente Amplio Mazatleco

Coordinadora Nacional de Trabajadores de La Educación

Movimiento Magisterial Sinaloense Zona Sur

Sociedad Médica de Mazatlán

Ex miembros de las casas del estudiante de la Universidad Autónoma de Sinaloa

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Días rojos y noches negras

Mi Mazatlán hermoso huele a muerte. Más mujeres y hombres en luto, más niños huérfanos sin educación, ¿más posibles delincuentes? ¡No, ya no!

En este estado sinaloense no pueden ocurrir tantos males, van a la cárcel inocentes y por los malvados poco hacen los oficiales. Se ven circunstancias desiguales y en vez que al pueblo eleven, silencian la voz de los editoriales por orden de funcionarios inmorales. Se castiga con furia al inocente dejando en paz al influyente que tiene delitos incurables. ¡Urge respetar la Constitución! que a todos hace iguales sin distinción de cargos ni clases sociales.

Gobernador, funcionario, soldado, policía: su rifle y su salario el pueblo lo paga a diario.

El dolor de la inseguridad y la muerte nos vistió, pero la fraternidad de pueblo nos reunió.

Que no se burle la maldad

Que muera la impunidad

Que vuelva la seguridad

Que viva la Paz y la Libertad

(21 de mayo 2017)

*Emma Rodríguez Choreño, integrante de la Asociación altruista Médicas Cirujanas de Mazatlán.

Javier Valdez, respetado y honrado por Estados Unidos

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Jun 192017
 

Río Doce.- El gesto es por lo menos insólito. El 15 de junio, al cumplirse un mes del asesinato del periodista Javier Valdez, la embajada de los Estados Unidos en México le brindó un homenaje al colocar en su perfil de Facebook una de sus fotografías sobre la bandera norteamericana.

Roberta Jacobson es la embajadora y asumió el cargo en mayo de 2016 por indicaciones de Barack Obama, pero fue ratificada en el cargo apenas el 9 de mayo pasado, ya bajo la administración de Donald Trump. Según su hoja profesional, Jacobson fue clave en el restablecimiento de las relaciones de su país con Cuba, pues presidió las primeras dos rondas de conversaciones con el gobierno de la isla. Y es inquieta, por lo que se ve, porque, además, es colaboradora del diario La Jornada.

Parecen preocuparle mucho los problemas que vivimos los periodistas en México. Por lo menos eso denota el artículo “El silencio ensordecedor”, que escribió el 3 de mayo (Día internacional de la libertad de prensa), donde habla de la existencia de “zonas de silencio” en varias regiones del país, producto de las agresiones a periodistas y cómo se van expandiendo en la medida en que ocurren nuevos crímenes.

Se refiere a la impunidad que impera en los casos de asesinatos de periodistas, donde solo el 0.25 por ciento se castigan con una sentencia.

“Y envalentonados con este grado de impunidad, los criminales y los agresores sienten que pueden continuar silenciando a periodistas… Es decir, la impunidad empodera a la censura, expande el silencio”.

La embajadora termina su texto con una proclama que pudo haber escrito el más radical de los periodistas de este país:

“Hay que alzar la voz, decir ´ya basta´, salirnos (¿salirnos?) de este sopor con el que a veces nos encogemos de hombros. Hay que hacerlo aun cuando resulte inconveniente o pesado. De lo contrario el silencio será ensordecedor”.

Jacobson había expresado su condena por el asesinato de Javier el mismo día en que lo mataron, a través de un tuit. Tres días después, durante una visita oficial a México, el secretario de estado de los Estados Unidos, RexTillerson, fue más tibio, pues solo lamentó y ofreció sus condolencias, pero adelantó que “es, de nueva cuenta, otra trágica pérdida entre los periodistas pero también muchos otros como resultado de la violencia relacionada al narcotráfico”.

Me han preguntado qué pienso de estas reacciones y no puedo dejar de agradecerlas, igual que muchas que se han expresado en distintas partes del país y del mundo. Pero en el caso de los norteamericanos, hay que decir, además que ellos, sobre todo su gobierno, son parte del problema que enfrentamos los mexicanos con la expansión del narcotráfico y la violencia que genera, ahora también contra periodistas.

¿Es un crimen de alto impacto, como el de Javier Valdez, un buen pretexto de nuestros vecinos para seguir jodiendo a México? En momentos en que se renegocia la relación comercial con ellos, no puede dejar de generar suspicacias tanta “sensibilidad” de los funcionarios norteamericanos. No hay que olvidar que, en el marco de esta renegociación, se ha sacado a colación el tema de la Iniciativa Mérida, con la advertencia de que podría retirar a México el apoyo para el combate al narcotráfico. Y aunque no son muchos los recursos que aporta —son absolutamente prescindibles según ha dicho el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong—, el acuerdo es significativo en términos de la cooperación entre ambos países.

Ver la imagen de Javier Valdez incrustada en la bandera de los Estados Unidos es conmovedor y se agradece el gesto, pero los mexicanos esperaríamos que los dos países, bajo una nueva voluntad, diseñaran estrategias conjuntas para combatir el narcotráfico acá y la drogadicción allá. Y el lavado de las ganancias incluido. Aquí y allá. Los mexicanos, como decía Javier, no merecemos este infierno.

Bola y cadena

El JUEVES PASADO SE CUMPLIÓ un mes del asesinato de Javier Valdez y todavía no se tiene una pista clara sobre los autores materiales e intelectuales del hecho. Nada que permita siquiera esbozar con certeza una teoría del crimen. Esa es, al menos la sensación que nos queda a los que hemos estado en contacto con las fiscalías que investigan el caso. Pero además, contrario a lo que hemos estado esperando, la Feadle ofreció la semana pasada recompensas por información que permita dar con los asesinos de por lo menos seis periodistas, entre ellos Javier Valdez. ¿No debiera la fiscalía ser más prudente? ¿De verdad no tienen pistas claras sobre el crimen del fundador de Ríodoce?

Sentido contrario

HICIMOS LA CONVOCATORIA CON LA convicción de que era nuestro deber. Como periodistas hemos asumido siempre, en otras trincheras y desde Ríodoce, un compromiso con la sociedad. Porque así entendemos el periodismo o porque así queremos entenderlo. Y la gente respondió. El jueves, al cumplirse un mes, cientos de mujeres y hombres tomaron las calles de las principales ciudades de Sinaloa para exigir justicia en el crimen de Javier Valdez. Y en el de los abogados acribillados. Y en el de los médicos y los maestros, y familiares de desaparecidos, y los niños y las mujeres inocentes y los cientos y cientos que han sido asesinados desde que empezó este gobierno que no parece tener rumbo. Fue entregado al gobierno un pliego de peticiones y recibimos el compromiso de que sería respondido. Y contaremos los días hasta que se haga. Tenemos a quiénes rendirles cuentas. Nosotros sí.

Humo negro

JORGE ZEPEDA PATTERSON TIENE RAZÓN: cuando Andrés Manuel López Obrador parece que tiene todo de su lado, es experto en darse un martillazo en el pie. ¿Y así cómo, pues?

Malayerba nunca muere

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Jun 152017
 

Río Doce.- La marcha por la paz y la justicia en memoria de Javier Valdez Cárdenas partió de Catedral rumbo al Palacio de Gobierno.
A un mes del asesinato cometido el 15 de mayo, decenas de personas, entre familiares y amigos del periodista y de víctimas de la violencia en Sinaloa exigen justicia con pancartas y mantas.

Organismos civiles, empresariales, políticos, transportistas y artísticos se sumaron a alzar la voz para que la Procuraduría General de la República y la Fiscalía General del Estado resuelvan el homicidio.

“Justicia”, “ Javier Valdez Vive”, “Malayerba nunca muere”, “Nuestra voz es justicia, nuestra fuerza”, “ No al silencio”, “No más violencia”, “ Vivimos entre asesinos cobijados por la impunidad”, se lee en las pancartas y lonas.

Familiares de personas desaparecidas portan mantas exigiendo justicia para sus parientes y que sean localizados.

El continente avanza de manera pacífica por la avenida Obregón para tomar el bulevar Madero y luego la avenida Insurgentes hasta el Palacio de Gobierno.

Previo al inicio de la marcha, el defensor de derechos humanos, Óscar Loza Ochoa, señaló que este jueves es el de las marchas del dolor en varios estados del país porque el caso de Javier se reflejan todas las víctimas

Con esta marcha se exige justicia para todos y se condena la impunidad de todos los casos, dijo.

Periodistas cierran autopista del Sol por crimen de Javier Valdez

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Jun 152017
 

Reporteros de diversos medios de comunicación, realizan una protesta y reparten volantes en la Autopista del Sol, en Guerrero, para exigir justicia por el crimen de Javier Valdez, a un mes de haber sido asesinado en Culiacán.

De acuerdo al Diario Digital de Veracruz, los comunicadores exigen el esclarecimiento del asesinato del cofundador de Ríodoce, así como el de otros comunicadores que han sido ejecutados.

“A un mes del asesinato de Javier Valdez en Culiacán, Sinaloa, y del asalto de siete reporteros en Tierra Caliente por al menos 100 hombres armados en medio de dos retenes militares, los gobiernos estatal y federal no han dado respuestas a la exigencia del gremio periodístico de que se investiguen y esclarezcan los casos”, leyó en un comunicado el secretario general de la Sección 17 del Sindicato Nacional Redactores de la Prensa (SNRP), Eric Chavelas Hernández.

Puntualizó que en la región Tierra Caliente, el 2 de marzo fue asesinado a plena luz del día Cecilio Pineda Brito, y dijo que esto se dio a pesar de que “el compañero formaba parte del Mecanismo de Protección a Periodistas, que depende de la Secretaría de Gobernación”.

Recordó que el 13 de mayo, en la misma región, cuatro periodistas guerrerenses y tres corresponsales internacionales fueron agredidos y despojados de sus pertenencias y equipos de trabajo.

Asimismo, señaló que el 4 de junio en Ometepec, un hombre le disparó dos veces en la cabeza a la locutora de RTG, Marcela de Jesús Natalia; del atentado salió viva, pero su estado de salud es delicado.

“Desde el año 2000 a la fecha en el país han sido asesinados 103 periodistas, 24 desaparecidos, y se han registrado 51 ataques contra medios de comunicación; todos estos, reiteramos, permanecen en la impunidad”, dijo.

Chavelas Hernández destacó que en los últimos siete años han sido asesinados tres periodistas en Guerrero y 16 más agredidos por civiles o funcionarios de diferentes niveles; tan sólo del 13 mayo al 13 de junio se dieron 17 agresiones contra periodistas.

“Citamos dos casos. Esta semana Ezequiel Flores, corresponsal del semanario Proceso, estuvo vigilado por un grupo de hombres presuntamente armados a bordo de un auto polarizado durante dos días en su domicilio”.

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Protestan en Autopista del Sol por crimen de Javier Valdez

Fiscal se escuda en Sistema Penal para no hablar de Javier Valdez

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May 302017
 

Al argumentar la reserva de información de la carpeta de investigación, Juan José Ríos Estavillo, fiscal General del Estado, rechazó dar una versión pública de los avances de la investigación por el homicidio del periodista Javier Valdez Cárdenas.

Luego de una protesta de familiares de personas desaparecidas que caminaron desde El Fuerte hasta Culiacán y ayer llegaron a la Fiscalía de Justicia, acompañados también por compañeros de Valdez Cárdenas, quienes exigían justicia por el homicidio, Ríos Estavillo concedió una entrevista a los medios.

Al cumplir dos semanas del asesinato del cofundador de Ríodoce y sin presentar avances en la investigación, aseguró que han trabajado “todas las horas de los días”.

“Lo que pasa es que en atención al nuevo sistema de justicia penal las cosas han cambiado, nosotros les podemos garantizar que todas las horas de los días que han venido transcurriendo hemos venido trabajando”, enfatizó el fiscal.

Señaló que la carpeta de investigación se está integrando y tanto la PGR como la Fiscalia local, continúan con las carpetas abiertas.

“Nosotros hemos estado señalando que esta es una carpeta que también tiene PGR, así que en las vías de coordinación que estamos teniendo particularmente con la Procuraduría General de la República estamos compartiendo la información”, dijo.

Y agregó “sobre todo, por efectos de la ley, nosotros debemos estar integrando la carpeta, pero ellos también son los que están llevando una parte medular particularmente de la investigación”.

El pasado 15 de mayo, Javier Valdez, periodista fundador de Ríodoce y corresponsal de La Jornada, fue asesinado al salir del periódico en donde laboraba. Hasta el momento, la PGR sólo ha informado que Valdez Cárdenas fue interceptado por un vehículo de donde bajaron dos hombres que le dispararon en 13 ocasiones con una arma calibre 9 mm y .38.

Los hombres huyeron a bordo de su vehículo y en el automóvil de Javier Valdez, el cual dejaron abandonado unas 10 cuadras de distancia, pero se llevaron la computadora portátil y el celular del periodista.

Manta gigante por Javier Valdez recorrerá el país

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May 302017
 

dez Cárdenas, periodista cofundador de Ríodoce.

La agrupación hizo el llamado a quienes quieran integrarse, ya sea con mano de obra, así como insumos como retazos de tela, hilos, agujas, listones gruesos y demás; la cita es este miércoles 31 a las 16:00 horas en la plazuela Álvaro Obregón, a un costado de Catedral.

Una de las integrantes del colectivo, Olivia Molina, explicó que como antecedente, RecuperArte realizó una manta en 2015 para honrar la memoria y exigir justicia para los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, resultando una manta de 8 por 3 metros, la cual estuvo en marchas diversas y que al final quedó con los familiares.

Desde el año 2012, el mismo Javier Valdez Cárdenas formó parte del colectivo, por lo que la iniciativa de artistas locales y luchadores sociales como Alex López, de Delta Teatro; Dante Aguilera, artista gráfico creador del mural con la imagen del periodista en Monterrey; y Natalia Reyes, del Colectivo de Mujeres Sinaloenses Activas, son algunos de los activistas que integran RecuperArte.

Olivia Molina añadió que la intención en esta ocasión es que la manta recorra primero todo el estado, para posteriormente haga un recorrido como la elaborada para los 43 de Ayotzinapa.

De 12 balazos, fríamente, mataron a Javier Valdez

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May 292017
 

”.Las escasas pistas

Río Doce.- La Procuraduría General de la República (PGR) tiene avances en la investigación del asesinato de Javier Valdez Cárdenas, pero solo de la mecánica en que fue asesinado.
La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) no ha dado conocer información sobre los responsables materiales ni intelectuales del crimen.
Hasta el momento únicamente han informado que el homicidio lo cometieron dos personas que viajaban en un automóvil color blanco.

Con los peritajes, establecieron las posiciones de los delincuentes, el orden en que fueron efectuados los disparos y la forma en que cayó Javier Valdez.
De acuerdo con la PGR fueron 13 las heridas de bala, producidas por 12 balazos.

El Fiscal Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión de la PGR, Ricardo Sánchez Pérez del Pozo, se negó a dar a conocer avances sobre la identificación de los responsables.

El titular de la FEADLE señaló que todas las líneas de investigación siguen abiertas, incluso la del robo de vehículo.

El fiscal especial tampoco dio a conocer cuáles eran las líneas de investigación, solo que la principal era el trabajo periodístico que realizaba Javier.

“También reiterar de manera muy enfática que todo el trabajo periodístico de Javier Valdez se ha incorporado a la investigación, todo el  trabajo periodístico de Javier se ha analizado y se está analizando, se van incorporando también aquellas circunstancias periodísticas que se van incorporando día a día en esta situación y todas están siendo consideradas en la investigación”, dijo.

Mencionó que la PGR tiene abierta la línea 088 del Centro de Atención Ciudadana para recibir información de la ciudadanía que ayude a continuar con la investigación y dar más pistas, o confirmar las que ya se tienen.
Aseguró que la información será de manera anónima y no habrá ningún seguimiento que no sea el de la investigación de las autoridades federales.

Sánchez Pérez del Pozo no quiso responder cuestionamientos de la prensa, sólo se limitó a dar su mensaje y se retiró cuando los reporteros realizaban preguntas.

El lunes pasado, peritos de la PGR realizaron una inspección ocular de recreación de los hechos en el lugar donde fue asesinado el periodista Javier Valdez, en la calle Vicente Riva Palacio entre Ramón F. Iturbe y Epitafio Osuna, en la colonia Jorge Almada.

El personal de la PGR reconstruyó la forma en que el vehículo blanco le cerró el pasó a Javier sobre la calle Vicente Riva Palacio y lo obligaron a detener la marcha del automóvil Toyota Corolla.
Uno de los delincuentes bajó de la unidad y apuntando con la pistola a Javier lo hizo bajarse de su unidad y empezó a disparar.

El delincuente que conducía el vehículo también bajó y disparó.

El Coordinador General de Servicios Periciales de la PGR, Anselmo Apodaca Sánchez, explicó que la recreación se llevó a cabo en lunes y a la misma hora del homicidio para tener una situación más real del hecho.
Señaló que los peritos determinaron las trayectorias de las balas y las posiciones de los tiradores con el análisis científico técnico de los dictámenes de criminalística, de fotografía, de medicina forense y la necropsia a la víctima.

De acuerdo con los peritajes, el primer disparo fue a quemarropa en el costado derecho del abdomen.
En la camisa quedó la quemadura del disparo y una lesión del impacto del carro por la pistola.
Después le dispararon en otras dos ocasiones en la misma zona y lo que ocasiona que Javier realice una maniobra instintiva de protección y levante el brazo derecho.

Un balazo impactó a la altura de la muñeca y uno en el antebrazo cerca del codo.
Después de la reacción instintiva de protección y los disparos en el costado del abdomen, realiza una flexión hacia el frente del tronco, ofreciendo la cabeza hacia el victimario y viene un disparo más donde se ocasiona una lesión en la frente que se aloja a nivel de la mandíbula del lado izquierdo.

Ese disparo, señaló el perito, fue circunstancial que fuera en la cabeza ya que en ese momento iba cayendo al suelo.
“Este disparo de la cabeza no presenta huellas que sean de tatuaje o características de un disparo de cercanía, por lo tanto la distancia la podemos calcular a más de 60 centímetros puesto que no presenta ninguna de estas características.

“Ya va lesionado del abdomen, ya va lesionado del mismo brazo derecho, antebrazo y la parte posterior del antebrazo también y el siguiente disparo es el de la cabeza que mencionamos, que va hasta el borde de la mandíbula del lado izquierdo, es decir de arriba hacia abajo, en una forma circunstancial de que sea en la cabeza por la flexión que menciono”, detalló el perito.

Cuando estaba cayendo recibe otros dos disparos en el lado derecho del muslo derecho.

“Los disparos consecutivos son ahora en la región del muslo, en la cara lateral derecha del muslo y de esta manera viene presentándose ya una dinámica de caída hacia el frente precisamente por todas las lesiones que va presentando”, indicó.

En ese momento las lesiones del abdomen ya se encontraban en algún proceso agónico y la de la cabeza ya en situación mortal.

Los peritos descartaron que Javier Valdez haya sido arrodillado por los delincuentes para asesinarlo, debido a que no se localizó ningún tipo de lesiones en las rodillas y determinaron que la caída fue por gravedad.
Ya estando tirado boca abajo, sin movimiento, le disparan en tres ocasiones al glúteo del lado derecho.
Después le tiran al lado derecho de la espalda y luego una vez más en la nuca.
En el lugar quedaron 12 casquillos de pistolas calibre 9 milímetros y 380.
 
Javier Valdez une voces contra la impunidad, corrupción y el crimen organizado
 
¡Justicia!, el grito de todos
 
 
El asesinato de Javier Valdez Cárdenas despertó la solidaridad y unión de medios nacionales e internacionales, así como organizaciones ciudadanas que demandan el esclarecimiento del caso y un alto inmediato a la violencia en México.
Esta semana, la asociación mundial de periódicos y editores de noticias WAN-INFRA, la cual representa a más de 18 mil publicaciones, 15 mil páginas web y más de tres mil empresas en 120 países, llevará a cabo esta semana una reunión en la Secretaría de Gobernación en donde exigirán que se castigue a los responsables materiales e intelectuales del asesinato de Valdez Cárdenas.

Por su parte, 34 medios nacionales y 15 medios y organizaciones internacionales firmaron un desplegado en el que denunciaron que “la impunidad, la corrupción y en especial, el crimen organizado han puesto en riesgo una labor fundamental para la sociedad” como lo es el periodismo.

A partir del asesinato de Valdez Cárdenas, periodistas y activistas del país también proyectan foros de discusión que se llevarán a cabo del 14 al 16 de junio para lograr una agenda con objetivos de corto y mediano plazo para proteger a periodistas.

A través del portal agendaperiodista.mx se convocó a periodistas, activistas, académicos y ciudadanos en general para participar en seis mesas de discusión sobre: riesgo y atención en casos críticos y respuestas inmediatas, alternativas para combatir la impunidad, organizaciones sociales y vías para fortalecerlas, solidaridad gremial y derechos laborales, reacciones de seguridad pública y el significado social de las agresiones contra periodistas.
En la semana que transcurrió y sin resultados concretos en la investigación por el homicidio de Valdez Cárdenas, el periódico estadounidense The Washington Post demandó en su editorial que el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, tome como prioridad de su gobierno la localización de los asesinos del también corresponsal de La Jornada en Sinaloa.

Mientras que en Culiacán, la ciudad que vio convertirse a Javier Valdez en uno de los mejores cronistas del país, las protestas no ceden.

El lunes 22 de mayo, a una semana de su asesinato, compañeros, familiares y activistas del periodista cofundador de Ríodoce se congregaron en las escalinatas de la Catedral, sobre la avenida Obregón, una de las más transitadas de la ciudad y exigieron justicia durante más de tres horas.

Para el sábado 27 de mayo, un grupo de activistas, artistas y periodistas convocaron a una pega masiva de carteles por toda la capital del Estado. Con la ayuda de ciudadanos, se proyectó pegar más de tres mil carteles por la ciudad.
Por su parte, el periódico Noroeste y el semanario Ríodoce extendieron, afuera de los edificios en donde se encuentran sus redacciones, un par de lonas espectaculares con la exigencia de justicia para Javier Valdez.
En la segunda semana, luego del asesinato de Valdez Cárdenas, los periodistas integrantes de la asociación de periodistas 7 de Junio, a la que pertenecía Javier, convocaron a una reunión que se llevará a cabo este lunes 29 de mayo.

La consigna de los periodistas son las palabras de Valdez Cárdenas “No al Silencio”.

El asesinato de Valdez, el que más ha indignado al mundo

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May 292017
 


JAVIER VALDEZ. Bandera dolorosa.

Ismael Bojorquez/Río Doce

Fue un acuerdo de Ríodoce: no solo seguiríamos haciendo periodismo, sino que también nos incorporaríamos a las actividades cívicas para exigir justicia por el asesinato de Javier Valdez Cárdenas. Nunca como periódico lo habíamos hecho. Muchos de los compañeros han asistido a marchas cuando se trata de protestar por algo, casi siempre en temas relacionados con la violencia. Pero en todos los casos, como periódico, alguien debía cubrir la nota. Y procurábamos que fuera un reportero más, despojado hasta donde se pudiera de los humores del acto.

Ahora no. Todos escribimos, todos protestamos; todos investigamos, todos publicamos, todos salimos a las calles a gritar nuestra rabia, a exigir castigo para los asesinos de Javier, a pegar con engrudo carteles en las paredes, a colocar calcomanías en los autos, a firmar espectaculares, a colgar pendones, a encender veladoras en los altares que improvisa la gente en las esquinas, a rezar los creyentes, a llorar los inconsolables, a marchar, a leer a muchas voces los libros de Javier en las plazas, a fumar y rolar sus Malayerba, a pedirle a la gente que se junte, que no olvide, que abrace esta causa por las libertades y la justicia en que se ha convertido el reportero asesinado.
No esperaremos a que las fiscalías nos den resultados. De hecho no creemos en la justicia, menos en la PGR, que se ha ganado a pulso el descrédito mundial. Ahí están los desaparecidos de Iguala, las lágrimas de Ayotzinapa, su “verdad histórica” hecha polvo.

Han pasado quince días y, sea por la secrecía obligada o porque no hay muchos avances en las investigaciones, lo único que vemos enfrente es un cuarto oscuro lleno de interrogantes. La Fiscalía estatal fue desplazada de las indagatorias pues, aunque fue la primera en abrir una carpeta de investigación, quien está llevando a cabo todas las pesquisas, las de calle y las “científicas”, es la PGR a través de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle).

Según nos han explicado, el grupo técnico y de investigación que está a cargo del caso es compacto y sin ninguna relación con las policías locales. Eso que les valga. No es que en la PGR no haya corrupción —siempre hemos pensado y dicho todo lo contrario—, pero es obvio que estarían más penetradas por el hampa —y por lo mismo por los probables autores materiales e intelectuales del crimen— las estructuras estatales de investigación. (Agréguese que el Fiscal Juan José Ríos Estavillo va llegando al cargo y ni él sabe todavía en quiénes se puede confiar).
Pero no hay cheques en blanco para nadie y no tienen mucho tiempo para saciar la demanda de justicia.No hay un crimen en México que haya suscitado tanto repudio en el mundo como el de Javier Valdez. Y eso tiene que marcar una diferencia. No porque los otros periodistas asesinados hayan sido menos importantes. O los maestros de Concordia, o el abogado de Mazatlán, o el director de la clínica del Issste. O los asesinados de Guerrero, de Puebla, de Tamaulipas, de Chihuahua…Todos importan. Todos importamos. Pero el impacto que ha causado su muerte tiene que sacudir las instituciones de justicia del país. Y a las conciencias:Ni uno más. Y convertir esa ira y ese miedo y esa pesadumbre en acciones colectivas.

Si los grandes medios de los Estados Unidos se unen para condenar el crimen, tenemos que mantener su alerta en vivo; si la prensa nacional propone un ¡Ya basta! y foros para buscar garantías a la libertad de expresión, debemos ser los primeros en estar ahí; si organizaciones europeas toman las plazas, debemos hacer eco desde acá; si se hacen cadenas de oración, también.

Nunca nuestro México había sido tan inseguro como ahora; nunca las libertades habían estado tan amenazadas; nunca los gobiernos habían sido tan impotentes ante las embestidas delasorganizaciones criminales. Pero tampoco nunca un asesinato había concitado un ¡hasta aquí! tan inequívoco.
Es ahora de pie, o nos sentamos a esperar quién sigue.
Bola y cadena

UNA COSA NOS INQUIETA EN EL CRIMEN de Javier Valdez. Los que lo asesinaron no son gatilleros profesionales. La forma en que lo atacaron habla de un desparpajo descomunal: tiros en sedal, en la mano, en los brazos, un impacto en la frente cuando iba cayendo; ya tirado, balazos en una nalga, en una pierna, en la espalda y, al final, uno en la nuca. Doce en total. Luego se llevan el auto para dejarlo abandonado ocho cuadras más adelante. ¿Cuántos días para despejar las dudas? ¿Cuánto tiempo?

Sentido contrario

HABLANDO CON EL FISCAL ESTATAL, Juan José Ríos Estavillo, le preguntamos qué está pasando con tanto crimen y su respuesta lo dice todo. Nosotros llegamos cuando los hechos ya han sido consumados. Hasta ahí, quiere decir que el problema, en principio, está en la prevención, que los esquemas de seguridad son un fracaso. Pero no hay que olvidar que una buena forma de prevenir es castigar. Y eso es lo que no ha hecho la extinta procuraduría de justicia en décadas. Por eso se mata con tanta facilidad. Y esa será, es ya, tarea de la fiscalía.
Humo negro

¿DÓNDO ESTÁ EL GOBERNADOR Quirino Ordaz ante tanto crimen? ¿Dónde los alcaldes? ¿Qué están haciendo para prevenir los delitos, no solo los homicidios? Los robos y asaltos se han multiplicado, nadie está seguro ya ni en sus casas. ¿Y los militares qué están haciendo? ¿A qué vinieron? ¿Y las estrategias?

Javier, pasaste a otro nivel, la luz, mientras los asesinos viven en la oscuridad

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May 222017
 
Javier Valdez. Foto cortesia de Javier Valdez a objetivo7.

Javier Valdez. Foto cortesia de Javier Valdez a objetivo7.

Andres Villarreal/Río Doce

Muy querido Javier:

Caminas con el peso del mundo encima. Es monumental. Cualquiera otro sería un chicle bajo el zapato. Pero tú, Javier Valdez Cárdenas, firmas y hablas echándote encima más historias, más peso. Con cada historia reporteada, con cada anotación en la libreta y el pleito con el teclado,te pusiste a cargarlos a todos: desaparecidos, buscadoras, desplazados, huérfanos, heridos, muertos.

Hay un mosaico de este México que fuiste armando minuciosamente con cada piececita. Escuchándolos a todos. Una herida de sangre salpicando, que no cicatriza nunca. No sabes cómo sacudirte tantas historias, nos quieres además.Inconforme, siempre, te propusiste ser todos ellos: un desaparecido, un buscador impertérrito, un desplazado de tu tierra, un huérfano, un herido, un muerto.

Javier, tendrás que creértela, te hiciste dueño de una escritura y una voz. Es tuya y tendrás que creértela de una vez por todas. Sacudirte esa incredulidad perpetua.La voz que fuiste afinando por años de batallas periodísticas se escucha clarita. Por eso no te sorprenderás de lo que pasa…y creerás.Maldito incrédulo, tendrás que creer. Siempre imaginándote desnudo en medio del páramo. Solo creerás porque lo digo yo.

Javier, tu nombre está en todos lados. Pero el precio es el más caro que pudiste pagar. Nos haces pagarlo a todos, pero hasta en eso te llevas la peor parte. Siempre preocupado por todos. Nosotros nunca lo suficiente por ti. ¿Creerás que hasta el gobierno de Donald Trump le pidió a Enrique Peña el esclarecimiento de tu asesinato? —Pinche Trump—.

Y el Presidente Enrique Peña citó a todos los gobernadores porque ahora sí se implementará un mecanismo de protección a periodistas y defensores de los derechos humanos. Y tenía los ojos rojos, se veía demacrado. —Qué actorazo Peña—.

Aquí naciste. Tenías que nacer en Culiacán, en Sinaloa, en México. “…una ciudad violenta, capital de un estado cavernario” (escribiste).Donde “es un peligro estar vivo y hacer periodismo es caminar sobre una invisible línea marcada por los malos que están en el narcotráfico y en el gobierno” (dijiste, repetiste, repites). Aquí te quedaste. “Morir es una delicia frente a esta cada vez más generalizada práctica, igualmente macabra y criminal, de privar de la libertad a una persona, de desaparecerla.” (tecleaste).

Todo esto ya lo sabes. Divago.

Lo que no sabes es que son muchísimos quienes te piensan. En este Culiacán más tuyo que nunca. En otras ciudades. En varios países. La lista de nombres es larga. En otra carta mandaremos los detalles. Videos, columnas y notas. Leerlos te hará bien.Escucharlos te reconfortará. No solo hay amigos. Hay incluso detractores de antaño. Si te reconocen tus enemigos has pasado de nivel. También otros quienes ni siquiera conoces, pero ellos a ti sí, quienes alguna vez te escucharon o leyeron.

Ahora te entiendo un poco más, Javier, esa terquedad de buscar y apropiarse de sitios en tu ciudad que se convertían en un santuario. Cafés, cantinas. Todos sitios públicos. Ese gusto particular tuyo, Javier, por estar solo en medio de tanta gente. Solo en la multitud.

Es curioso entonces que te apropiaras también de palabras como páramo, oquedad, azoteas. Qué fijación la tuya, Javier, con las palabras que abarcan la soledad. Armaste un estilo que es solo tuyo en el periodismo mexicano. Así como te apropiaste de los sitios lo hiciste con muchas palabras por las que ahora nos tendremos que pedir permiso por derecho de autor. Ninguno de nosotros puede usar esas palabras sin pedirte permiso, Bato. (Tampoco esa podemos usarla).

El juego de las escondidas continúa Javier. Tú nunca te escondes, vives en la luz. Pero los malditos sí se esconden, viven a oscuras, aunque piensen al revés. Algún día derrotaremos a los malditos.

Por ahora lo complicado será enviarte el Ríodoce cada domingo, sin falta, nunca entendí donde reciben la correspondencia los carteros.

Primera cita

(Escribir) “Ya no alcanza el español, nuestras palabras para contar lo que pasa ya no alcanzan, de plano. Se necesitan muchos adjetivos y nos quedaríamos cortos.” Javier Valdez Cárdenas, Huérfanos del Narco.

Deatrasalante

(Ayer es hoy)Fui el presentador oficial de los libros de Javier. No me había dado cuenta hasta hoy, revisando los archivos, que uno tras otro me fue dando ese privilegio. El último fue Narcoperiodismo. La prensa en medio del crimen y la denuncia. Hablé y hablé, pero las decenas de estudiantes esperaban escuchar a Javier. Se fue haciendo experto en atraer la atención, especialmente de jóvenes. Una palabra altisonante aquí y otra allá le iban dando la oportunidad de atraparlos, aunque en las manos trajeran el celular.

Hoy reviso aquel ayer de lo que dije, y como muchas otras situaciones que nos han pasado, suenan raras:

“No esperen una escritura complaciente. Javier Valdez no sabe escribir así. Se involucra, vive, sobrevive, se ahoga en la historia porque solo a punto de morir es posible saber que seguimos vivos.

“Temo algún otro libro de Javier Valdez, va dejando pedazos de sí mismo en cada uno de ellos, temo pues, que un mal día me digan que se entregó por completo y no queda nada de él.”(PUNTO)

Prensa peruana exige justicia en el caso Javier Valdez

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May 202017
 

Río Doce.- La Asociación de Prensa Extranjera en el Perú (APEP) condenó el asesinato del periodista sinaloense Javier Valdez, y exigió que las autoridades den con los responsables de los reiterados e impunes asesinatos de periodistas en México, con el fin de que sean sancionados.

“Los periodistas mexicanos han solicitado esta semana la solidaridad internacional para lograr que los responsables de los reiterados e impunes asesinatos de periodistas en ese país sean identificados y sancionados”, se destaca en el pronunciamiento difundido hoy.

Proceso informó que la APEP resaltó que el último homicidio de periodistas mexicanos fue el de Valdez Cárdenas, perpetrado el lunes 15 en Culiacán, Sinaloa, por lo que solicitó a las autoridades de México crear las condiciones de seguridad para el ejercicio del periodismo en ese país e identificar y sancionar a los responsables de la violencia contra periodistas, que constituye un grave atentado contra la libertad de prensa.

La organización peruana retoma que Javier Valdez era el director-fundador del semanario Ríodoce, corresponsal del diario La Jornada en Sinaloa, y colaborador de la Agencia France Presse (AFP).

También recuerda que, con valentía, Valdez Cárdenas documentó el poder del narcotráfico y del crimen organizado en el estado de Sinaloa, las víctimas y la corrupción estatal. Ganó el premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia en 2011 y, el mismo año, el premio internacional de Libertad de Prensa del Comité de Protección de Periodistas.

“El informe ‘Libertades en resistencia’ de la organización Artículo 19, señaló en abril que ‘el gobierno mexicano no ha encontrado la solución a la violencia contra la prensa; al contrario, ha permitido que las condiciones para ejercer el periodismo se vulneren aún más. Su inacción deja que la impunidad prevalezca en 99.7 por ciento de los casos. El mensaje es claro, sin verdad ni justicia la prensa es blanco fácil de sus agresores’”.

Luego retoma las palabras del periodista sinaloense cuando asesinaron en marzo pasado en Chihuahua a la periodista Miroslava Breach Velducea:

“A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”, dijo.

“Las organizaciones internacionales que defienden la libertad de prensa afirman que la Fiscalía para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión no ha servido, desde su creación en 2010, para evitar más crímenes contra periodistas ni garantizar la libertad de prensa. Según Reporteros sin Fronteras, México es —después de Siria y Afganistán— el país más peligroso para ejercer el periodismo”, advierten al condenar el artero crimen.

Malayerba: Juan

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Mar 202017
 

Juan estaba muy chico cuando su madre murió de cáncer. Su hermana menor nació y a los pocos meses ella fue llevada al panteón. Se quedó con su padre, un hombre huraño y gritón. De él se sabía por los gritos y las pedas y los cintarazos. Los vecinos por eso evitaban quejarse de los niños y sus travesuras, el balón golpeando los portones, quebrando el foto que colgaba de la marquesina, el cristal de la ventana.

Vas a ver, plebe jijo de le chingada. Por eso Juan buscaba las aceras de enfrente y sus casas y sus familias. No era niño de la calle pero como si lo fuera. Huía de su casa para irse a la de Fran o a la de enseguida. Fran y él eran los únicos niños de la cuadra, el resto eran morritas menores y mayores pero ningún hombre: el barrio para ellos, para volar en ese patín del diablo, en la baica, la patineta, para patear el balón y jugar a los penaltis y cachar con manillas y pelota de béisbol.

Sentados en el macetero, en el filo de las guarniciones, recargados en el arbotante, bajo la sombra del ficus, desculando hormigas y abriendo fuego con la lupa y el sol de mediodía. Aquello era el paraíso para ellos solos. Algunas vecinas le daban agua y comida, y Juan nunca decía que no. Era callado y ojeras que amenazaban con devorarse los ojos y buena parte del rostro. Una mirada triste y pestañas de tejaván. Un cabello negro y pálido. Un tupé que no hacía más que taparle las heridas del alma. Juan tenía familia y casa, pero era un niño sin hogar. Ahí, en esas viviendas de clase media, solo tenía a su hermana y a Fran, y cuando llegaba su padre no tenía nada.

Una vez el hombre decidió casarse. La mujer, con buena posición económica, compró casa y atendía a Juan y a su hermana. Sí los regañaba, pero sin malos tratos. Pretendía, en medio del desierto, ofrecerles un santuario de manos tendidas, miradas tiernas, abrazos y apapachos, comida y algo de estabilidad. No era la madre, pero parecía. Era la madrastra dulce y comprensiva. Y justo cuando ellos parecían divisar del otro lado de la tormenta el puerto seguro, el frágil camino a la felicidad, el padre decide divorciarse. Y todo se desmoronó.

Volvieron las mentadas y los golpes, la borrachera en casa y el exilio de Juan y su hermana. La calle, la banqueta de la casa de Fran, los gestos generosos de los vecinos, eran su única guarida. Hasta que el hombre se infartó. Sin asideros, frente al abismo insondable, Juan dejó el barrio y se refugió con otros familiares. Dicen que volvió a la cuadra en busca de aquellos tiempos: fumaba desde los doce y pisteaba temprano. Dicen que se asomó de tarde, en busca de alguien. Dicen que conoció gente de mirada oscura y hocico siete punto sesenta y dos. Que por eso lo mataron, saliendo de su casa, apenas a los diecinuev

Malayerba: antes de la muerte

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Feb 062017
 

Javier Valdez/Malayerba/Río Doce

El abogado recibió la llamada de un comandante de la policía, con quien tenía cierta confianza. Me urge, licenciado. Me urge verlo. Es que detuvieron a mi jefe. Ay, cabrón, respondió. De acuerdo, nos vemos en diez minutos en mi despacho. Es el tiempo que hago en llegar. Ahí estaré.

El abogado llegó espantado. Qué fue lo que pasó, cuéntame. El comandante traía la cara brillosa y sonrojada. Parecía que no había dormido. Conjuntivitis, temblor en las manos, abotagado y con una prisa que más bien parecían ansias. Detuvieron a mi jefe, lic. Lo detuvieron. Resulta que le cayó el ejército a una de sus casas y cuando supe fui para allá pero como que los militares me identificaron. Me dijeron: lárgate a la chingada, ahorita va a haber balazos y si te quedas, te toca.

Pero cómo, preguntó el litigante. Me estás diciendo que detuvieron al director de la policía, verdad. No, mi lic. Claro que no. Detuvieron a mi jefe, al mero mero, al patrón. Y quién es ese. Pues el Mochomo. Le cayeron a su casa, en la madrugada. Nada pudo hacer, ni sus pistoleros. Qué hago, licenciado. Le dijo, rogando. Nada, qué vas a hacer. Si era tu jefe y lo detuvieron y los militares te ubican, pélate de la ciudad. O del país. Yo ahí, de plano, no puedo hacer nada por ti, comandante.

No se fue. Sintió que todavía faltaba mucho para que pasaran otras cosas, que quizá al jefe lo liberarían después de una negociación o habría algún canje. Se tranquilizó y volvió a la policía. Todos los agentes sabían para quién trabajaba pero no era el único que tenía un jefe que no era el de la policía. Pero había bandos, grupos al acecho, grietas abiertas que supuraban pus, sanguaza, heridas de guerra, cuentas por cobrar. Algunos se miraban de reojo. Se medían a distancia. Se zorreaban y perseguían y vigilaban de lejos: escupitajos al paso, patadas en los tobillos, mirillas que se sostenían mientras alguien esperaba la orden de jalar el gatillo.

Él, que había sido de un grupo de elite y que realizó fuertes operativos, en los que aprovechó para abusar de mujeres y quedarse con carros y dinero ajeno, se sentía seguro, arropado en esa maraña de complicidades. Colas largas y cortas, de los comandantes y jefes de grupo de la policía, se pisaban y machacaban en los pasillos de la corporación. Pero él no la sentía tan larga. A mí me la van a pelar.

Un día después salía de la corporación. Lo interceptaron. Te llama el jefe: el jefe de ellos que no era de él. Se lo llevaron a él y otros dos. Aparecieron dentro de un carro, con las piernas cercenadas, lesiones de tortura y bala, cientos de casquillos de cuerno y una serpiente coralillo decapitada. Junto a ellos un mensaje: por traidor, corriente y cobarde.

Malayerba: malavida

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Nov 012016
 

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Llegó a la ciudad y se instaló en una zona tranquila. Nadie lo conocía. Apenas había terminado de acomodarse y ya estaba en la iglesia, hablando con el sacerdote. Fue a misa cada domingo y entre semana, cuando pudo: se involucró en tareas de apoyo a la comunidad, promovida por la congregación católica y el padre de la capilla, hizo tareas en el comedor comunitario y dio clases de doctrina.

Era amable y servicial. Se fue rozando con los líderes, con las madres de familia, con los maestros y la señora del abarrote. Todos lo conocían, pero no sabían quién era ni de dónde venía. Él les dijo que había vivido en un pueblo, allá, muy lejos. Del otro lado de la frontera. Y que dejó todo, menos familia, para buscar nuevos horizontes, otro ambiente, y volver a empezar. Ensayó tanto ese discurso, lo repitió mucho, hasta que él mismo se lo creyó y lo mejoró a medida que fue expandiéndolo.

Entre sus planes estaba ponerse de novio y casarse. Le tiró lejos, en sus propósitos. Miró a una joven hermosa, de pliegues profundos y carnes en su lugar. Empezó a cortejarla. Flores, chocolates, invitaciones a cenar y a dar la vuelta en su carro. Lo hizo tan bien que obtuvo resultados muy rápido. Aquella muchacha se enamoró y al poco tiempo él le propuso que se casaran. Ella aceptó, pero quería una boda de lujo, con misa y fiesta y ceremonia civil. Algo grande.

Él, que no había enseñado el dinero que tenía, le dijo que sí con un entusiasmo telúrico. Había mantenido un perfil bajo, de medianía económica. Pero ese amor, ese deseo, las ganas de compartirlo todo con esa mujer, lo enfermó y sacó el brillo de su billetera. Contrató una banda y un conjunto de música norteña, y compró un lujoso vestido para ella y un traje impecable para él. El hombre discreto, de bajo perfil, se desfondó. Le ganó el entusiasmo: la salida y la meta en esa carrera vertiginosa que anunciaba una nueva etapa.

La boda se realizó y ellos se fueron de luna de miel. Pero las grietas empezaron a aparecer cuando ella quiso trabajar y seguir estudiando. Él disparó un no. Ella insistió y él también. Voy con mis amigas, le dijo. Llevaba ceñida la mezclilla, untados los leyins y generoso el escote de espalda y frente: ceñían, mostraban y desbordaban su juventud. A dónde vas, preguntó. Pero ella ya no contestó.

Él le quiso detener. La mezclilla se le metía, sus formas alcanzaban el molde cuando las vestía y su belleza encandilaba. Él, celoso, no supo qué hacer. Cuando iba a salir de nuevo la acuchilló en el cuello y en el pecho, luego se suicidó.

El destino lo había alcanzado. Su pasado estaba ahí, a pesar de sus esfuerzos por guardarlos en el drenaje sanitario de esa nueva vida: harto de balaceras y asesinatos, quiso empezar de nuevo, y logró terminar con todo: matando y muriendo.

Malayerba: No vuelvas

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Sep 262016
 

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Javier Váldez/Río Doce.- Tomó ese camino porque le ahorraba cerca de tres horas de viaje. Conocía la zona y a los habitantes, así que no temió que fueran las siete de la tarde, cuando pardeaba el firmamento, para recorrer la estepa verde que despide las montañas. Cargado de tomates, pepinos, conserva de manzana y durazno, dulces regionales, chiles, quesos logrados en el traspatio de alguna vivienda rústica, y aguacate.

Descendía por ese camino recto. Escuchaba Cuatro de a caballo, con los Cadetes de Linares, y a ratos tarareaba o gemía siguiendo la melodía. Se imaginó, contento, la cara que pondría su esposa e hijos, los primos, la abuela, al ver los regalos que les habían enviado desde la serranía sus parientes, a solo dos cuadras del cielo.

La curva asomó y con ellos un retén de hombres armados, atravesando con sus camionetas el camino pedregoso. Arrugó la frente. Le hicieron señas de que se parara, al tiempo que los gatilleros bajaban sus cuernos de chivo. Se detuvo frente a ellos, que no dejaban de asir los fusiles. Qué pasa, preguntó. No le respondieron. Sin verlo, el jefe dio órdenes de que lo revisaran y que bajaran todo del vehículo. Él insistió: de qué se trata. El hombre lo vio y le preguntó cómo se llamaba. Él respondió. Dónde vives, a dónde vas, a qué fuiste pa arriba. Le soltó una a una, sin darle tiempo de responder.

Se le quedó viendo y veía también a los que revisaban la camioneta y bajaban y bajaban la mercancía. Le preocupaba que la dañaran, que le robaran. Yo te conozco, le dijo. Tú eres Juan. Yo soy Ernesto, hijo de María. A poco no me conoces, no te acuerdas de mí. El hombre fingió hacer esfuerzos mentales, como buscando entre sus recuerdos. Pero no pudo. Apenas podía sostenerse. Estaba trabado, queriendo hablar. Su lengua atada, sus ojos fuera de órbita y tambaleaba. No, no te conozco, le contesto. Órale, cabrones. Apúrense. Ordenó.

Bájate, le ordenó a gritos. Escúlcalo, le dijo a otro. Luego lo hincaron, lo obligaron a mantener los brazos arriba, quietos. Órale, bato. Dame chanza, somos conocidos. Tú siempre llegas a la casa de mi amá a dormir. El otro ni volteaba. Al rato le gritó te vamos a matar, perro. Fue entonces que llegó otro y no parecía andar borracho. Épale, qué andas haciendo Ernesto. Pues aquí me tienen. Pero cómo, por qué.

Los regañó a mentadas y luego ordenó que lo desataran y que le regresaran las cosas. No es posible, Juan. Si Ernesto es amigo de la familia, si llegamos a dormir a casa de su amá. Cómo eres pendejo. Luego, dirigiéndose a Ernesto, ya para despedirlo, le advirtió: no vuelvas a pasar por aquí, no te ahorres gasolina ni tiempo, esto se va a poner peor y si no estoy yo, a la otra estos culeros te van a matar.

Malayerba: “El Perro”

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Sep 052016
 

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Río Doce.-
Los amigos, sus cómplices y clientes, le llamaban El Perro. Para ella solo era Adrián. Ella enamorada hasta el occipucio y él hacía un esfuerzo por quedar bien con ella, pero sobre todo con sus progenitores. No te cases con ese cabrón, no por nada le llaman como le llaman. No sé, tengo mis sospechas, hija. Era la voz del padre. Pero ella quedó sorda y ciega frente a ese hombre que la tenía paralizada de amor.

Él le dijo cásate conmigo. Ella no la pensó. A los ocho meses ya estaban frente al altar y como si tuvieran prisa por todo, los días de miel se prolongaron y a los ocho ya estaba embarazada. Tuvieron un morrito blanco y robusto. Apenas salió del hospital ella vio en la mirada de él los vitrales enfermos de una vida narca: los rincones oscuros que tanto le había ocultado durante el noviazgo.

Empezaron a desfilar por la acera de su casa hombres de todas las edades, desconocidos, malencarados, en vehículos sin placas y con armas de fuego fajadas. Él los atendía, a veces sin siquiera saludar. Entraba, abría una gaveta del closet que siempre enllavaba y sacaba sobresitos, bolsas transparentes con polvo blanco en su interior, trozos cafés y verdosos de una yerba seca y quebradiza. Salía y lo entregaba. De regreso, traía billetes y más billetes que también guardaba bajo llave.

Ella empezó a preguntar. Él a responder: con mentadas, con insultos que a ella le marcaban el alma y luego la piel, con moretones, llagas, hemorragias y cortadas. Cuando los padres de ella se enteraron, se llevaron al bebé y luego a ella a la casa materna. A pesar de la separación, ella sabía de él, le preocupaba y seguía con su amor indeleble y palpitante.

Los escándalos que protagonizaba subieron de tono. Una persona que le daba noticias, le avisó de una mala. El Perro había estado en una balacera y salió herido, gravemente. Estaba hospitalizado. Tomó lo que pudo y manejó ochocientos kilómetros. El médico la interceptó en el pasillo. La vio y se quedó callado. Se le dificultó sacar esas palabras que retrataban la terrible condición de él. Y luego explicó que fueron cinco balazos, cuatro de ellos en el pecho. No hay muchas posibilidades, señora. Lo siento mucho.

Caminaba y se tambaleaba. Los tobillos se quebraban, las rodillas se vencían. Sus carnes temblaban. El piso y las paredes se movían. Era esa mezcla de coraje, de frustración enllagada, de ese resentimiento podrido, y de ese amor que la había marcado con pintura de aceite el pericardio y más adentro y abajo y en todo su ser. El aparato hacía un pitido regular y dibujaba rayas que subían y bajaban, junto a la cama. Él abrió los ojos, apenas. Algo le mojó las pestañas. Algo quiso decir. Lo vio. Se vieron. Y en ese momento murió.

Malayerba: El hermano

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Ago 252016
 

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Javier Valdez/Río Doce

Desde que se subió al taxi, ella vio que ese hombre no iba bien: los ojos desacomodados, ese trastabillar al hablar, las mandíbulas amarradas entre tanto palabrerío y ese olor a acedo. La taxista la vio y tragó saliva: el nudo parecía atorado en su garganta, al ver a ese tipo corpulento, alto, de voz accidentada y gruesa, gritón e imponente.

Llévame a Guasave, le ordenó. No se subió atrás, como suelen viajar los pasajeros de taxis. Se sentó adelante, junto a ella. Empezó a decirle que él tenía mucho dinero, que era un hombre poderoso. Le contó que su hermano era narcotraficante, de los jefes máximos. Y sí, era un hombre tan temido como conocido, de pocas pulgas y famoso por sus arranques beligerantes de rafaguear todo lo que se le ponía en contra.

Yo hago lo que quiero. A mí se me antoja algo, y lo tengo. Yo agarro, no pido. Soy cabrón. Siempre lo he sido. Le ordenó que se detuviera en un expendio, donde compró un doce de tecates rojas. Esta cerveza es pa hombres. Los jotitos toman laic. La abrió. Goble goble goble. Un trago largo y apurado llevó la mitad de la cerveza a su panza. Tómate una. Abrió otro bote y se lo pasó a la taxista. No señor, gracias. Estoy trabajando. Él le dijo me vale madre. Insistió. Ella no quería voltear a verlo porque le daba miedo. Pero lo hizo para darle más seguridad a su negativa. De verdad, no. Gracias. Y el hombre cedió.

Durante cerca de una hora, en un recorrido de unos cien kilómetros, el hombre le habló de las mujeres que sometía, de armas y balazos, del narco, la guerra, pero sobre todo de él mismo y de que hacía lo que le daba su gana. Le agarró la pierna y luego en medio y luego más arriba. Ella lloraba, paralizada. Le pidió que se detuviera y él contestó que pura chingada. Si quiero te mato, cabrona. Llegaron a la caseta de peaje. Ella esperó que el policía federal volteara para hacerle una seña: el uniformado siguió con una mano en el cinto y la derecha en la pistola, volteando hacia el maizal, distraído. Siguió su camino: otro trago de saliva atorada, como nudo, a medio bajar. Tembló. Rodaron las perlas de sal. El hombre seguía acariciándola.

Habló por teléfono para que lo esperaran en la entrada de la ciudad. Habló otra vez y otra. Con mujeres, socios, jefes y amigos. Volteó hacia atrás cuantas veces pudo. Paranoico, pensaba que lo seguían. Varias veces dijo me quieren matar. Cuando llegaron había cuatro camionetas, él se bajó y otro le preguntó a ella si todo estaba pagado. Ella asintió y en un descuido aceleró para salvarse. Por el retrovisor vio cómo aquel que había sido su pasajero intentó volver al taxi para llevársela. Sintió cómo pasaban los nudos de hiel por su garganta. A los dos días vio en el periódico la foto de ese hombre, despedazado a tiros.

Malayerba: amenaza cumplida

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Ago 082016
 

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Para Verónica Celestino. Gracias por la abstinencia.

Javier Valdez/Río Doce.- Antonio había sido narco pesado. Todo el sur del estado había mantenido bajo su control. Pero tuvo que salirse de ahí por viejas pugnas entre los grupos del cártel y por problemas familiares. Débil, solo, con pocos recursos y con esa tos perruna que parecía nacerle desde los talones, se dedicó al negocio de las drogas con una discreción de hormiga y en pocas cantidades.

En sus tiempos dorados, había conocido a los jefes de jefes: sembró mariguana en el valle, unas doscientas hectáreas, para el patrón, y anduvo en avionetas y helicópteros revisando sus aposentos en la serranía y el traslado de paquetes de yerba, manejó armas cortas y automáticas y estrenó su Kalashnikov en un enfrentamiento con policías antinarcóticos. Un día supo que lo querían quebrar. Dio con el hombre que lo había dicho. Cuando lo tuvo enfrente le dijo, sobando la cacha de su cuarenta y cinco, andan contando que te quieres morir. El hombre tembló, se quedó acuclillado y enmudeció.

De estirpe sangrienta, pasó de todo. En tierra de gringos llenó patios, cocheras, camionetas y tráileres de mota y la distribuyó. De regreso, las pacas de billetes verdes apenas cabían en el cámper. Jaló el gatillo cuando los gatilleros de narcos enemigos lo hicieron y vio cómo caían, cual monitos de verbena, amigos y desconocidos. Le entró a las tracateras con militares y federales, y hasta le volaron media mano en una de esas refriegas.

Ya traía su pelo blanco, con las nubes del verano en su cabeza y bigote, y en esa barba rala y descuidada y espinosa. La manecilla grande del reloj dibujó en su cara rayas oscuras y hondas. Encorvó su silueta e hizo lentos sus movimientos. Ya no andaba armado. No a simple vista. Disimulaba bien sus actividades ilícitas: desfajado, con el garbo como un mero acto de nostalgia, su cachucha blanca con rojo y sus lentes bifocales. No era tan viejo, quizá unos sesenta. Pero la vida le estaba cobrando caro sus afrentas, su gatillo suelto, la farra y las putas y uno que otro toque y pasón: había pasado varias veces la raya del horizonte y a qué precio.

Aun así tenía su toque, su estrella, su magia. Cuando uno de los jefes salió de la cárcel y todavía había carteles con la leyenda Wanted en el lado gringo, una de las primeras cosas que hizo fue buscarlo. Claro que me acuerdo de tí, hay que hacer negocios. Se estrecharon la mano y se perdieron entre el monte. Cada quien por su lado.

Se sintió poderoso, como cuando pronunció aquel dicen que te quieres morir. Por eso se le hizo fácil regresar a su tierra, a sus aposentos. Fue como los paquidermos: vuelven a su tierra para morir. Que lo levantaron, lo tiraron por ahí. Pero nadie lo encuentra.

 

Malayerba: El hijo desobediente

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May 182016
 

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Desde niño vio el llanto de su madre. Habitual, como si toda la casa fuera tiempo de aguas. Lágrimas y lágrimas, sollozos, palabras ondulantes y mocosas. La vida líquida del dolor en esas cuatro paredes blancas, en la que Óscar creció sin saber qué había pasado con su hermano: solo sabía que no estaba, que su padre lo había buscado por cielo y mar, y que su madre lloraba y lloraba, regando la tierra que pisaba en toda la ciudad.

Mamá qué tienes. Mamá cálmate, ya no llores. Pero ella no podía controlar los grifos internos, detrás de sus ojos, cuyos contornos, ya hinchados y siempre irritados, parecían la fuente eterna de la tristeza y la vejez. Una senectud anticipada, a sus poco más de cuarenta, por tanto insomne sufrimiento. El joven se vio encerrado y sin compañía, hasta que optó por salirse y buscar amistades que lo mantuvieran en la calle.

Óscar le entró al churro de yerba. Meses después su madre se dio cuenta que lo había descuidado y habló con él. Mijito, deja esas amistades. Pero él no hacía caso. Le decía que sí, que nomás iban a jugar futbol. Lo sorprendió fumando y le dijo que terminara con ese vicio. Él asintió. Ya no estaba ahí, sino de viaje intergaláctico, levantando los pies del suelo y en pleno relax. Oyó su voz como un eco lejano y la miró sin mirarla.

Una vez vio que salía con uno de esos, de su clica. Iban en una moto y alcanzó a ver que llevaba una cuarenta y cinco debajo de la camisa desfajada. Lo quiso detener pero Óscar solo respondió ahorita vengo, amá. Se quedó con el Jesús en la boca. Jesús mil veces, musitó. Y lloró por él y por su otro hijo, de quien seguía sin saber nada.

Óscar avanzó en el túnel oscuro de la calle, junto con su amigo, en la motocicleta. Vieron su objetivo: un taxista. Acababa de dejar a un pasajero y regresaba cuando lo encañonaron por la ventanilla y el otro se subió del lado del copiloto. Danos las llaves del carro, saca el pinche dinero. Órale puto, si no te apuras te vamos a matar. Óscar quiso reaccionar. Vio el arma, el cañón aplastando la sien del taxista, pensó en lo peor pero no reaccionó. Quiso decirle a su amigo no lo mates. No tuvo el valor. Lo bajaron a golpes y se llevaron el vehículo.

Tres kilómetros y ya oían las sirenas de las patrullas. No pensó que fueran por ellos. Ahorita nos la pelan, dijo su amigo. Óscar no estaba tan seguro. Los alcanzaron, les cerraron el paso y los dos terminaron levantando los brazos. No disparen. Óscar dijo que él no llevaba armas, que él no quería hacerlo, que. Ahora está en la cárcel. Llora y llora y llora. Se acuerda de su madre y entonces sí reacciona. La llama por teléfono y le dice amá ven, ayúdame, sácame de aquí. Yo no quería. Perdóname. Y llora más. Y ella con él.

Malayerba: carro negro

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May 022016
 

6ef56780570df0aee90cced9a37194edEl taxista vio claramente el verde y siguió con el pie en el acelerador. Adelante, un vehículo frenó intempestivamente y él lo hizo muy a tiempo. Traía un carro atrás, cuyo motor rugía apurado y de mal humor, como quien manejaba. El conductor no frenó a tiempo. Cuando el taxista lo vio por el retrovisor, fue para aferrarse más al volante y apretar instintivamente los músculos. Trach.

Sintió el golpe. Se sacudieron hasta sus calcetines y de momento no le dolió nada. Abrió los ojos y no recordaba. Vio el techo de su taxi y se preguntó qué había pasado. Parpadeó y volvió a parpadear. Oyó gritos afuera. Vio humo alrededor. Empezó a mover los brazos y comenzaron los dolores: espalda baja, piernas, brazos y cuello, todo en su lugar, pero como si tuviera duras albóndigas nadando entre sus músculos y arterias.

Afuera lo esperaban dos hombres compungidos y de cruzados brazos. Mandamases. Apenas logró salir del taxi, con la ayuda de varios extintos mirones, y se topó con esos dos que lo miraban tan fija y duramente, con esa sicodelia con que miran los pericos, que parecían querer desintegrarlo. Págame, loco. Págame. Por qué te voy a pagar, respondió el taxista. Tú vienes en madriza y te estampas por atrás. No te fijaste que hice alto, así que págame tú. A esos dos se unieron otros tres que llegaron en un carro de modelo reciente. Le dijeron que le iban a pegar unos chingazos, que lo iban a matar, si no pagaba.

Él se amarró en no pagarles. Por qué habría de hacerlo, si no fue él quien golpeó. Llegaron los agentes de tránsito y los conminaron a ponerse de acuerdo, pero aquellos seguían en su postura amenazante. Llegó también un carro negro, que parecía de luto: carroza larga, prolongación de sepelios, novenarios y cementerios. Oscuros los rines, los cristales, la defensa y las piezas de aluminio. Todo. El conductor bajó el cristal y parecía ascender del infierno, conforme funcionaba el elevador de la ventanilla. Lo llamó y le preguntó quién había tenido la culpa. El taxista le contó. El hombre le dijo No me voy hasta que te paguen. Y descendió al infierno, mientras permaneció ahí, en ese ataúd rodante. Traía un AK47 y ocho cargadores.

El policía le dijo al taxista que quién era ese hombre. El taxista contestó que no lo conocía, pero que no se iba a retirar hasta que le pagaran. El agente le reviró: no quiero problemas, yo le pago, con tal de que se arregle esto. Para entonces, los del otro carro le bajaron dos rayitas a su enojo y ofrecieron pagarle dos mil. Él les pidió cinco. Cinco y ai muere. Se juntaron para discutirlo y miraban de reojo al carro fúnebre.

Cuchicheaban, temerosos. Al final mandaron traer el dinero y le dieron los cinco. Y el del carro negro se fue sin despedirse. Y dejó a su paso una estela azufrada.