Dic 222014
 
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Las luces de Navidad resplandecían en el centro de la ciudad a la par que las de las sirenas de las muchas patrullas que rondaban esa Nochebuena. Vio las torres amarillas con azul de la catedral de de Guadalajara y se dirigió hacia el barrio Analco mientras tomaba su cerveza.

Decidió dejar su arma en su casa y se lo dijo a su madre:

– Hay muchas patrullas, mejor dejo la pistola.- La madre no dijo nada, solo le dijo que se cuidara y él salió a disfrutar de la libertad luego de haber estado su breve adultez en la cárcel por algunos de sus crímenes.

Apenas tenía 21 años y debía 21 vidas. Tenía a su único hermano y un padre en la cárcel. Salió en su carro y circuló por la avenida Revolución y llegó a saludar a sus amigos.

Iba y venía por todo el barrio hasta que cercana la mañana. Casi al despertar del sol le subió al sonido instalado a media calle, en una de las muchas privadas del barrio.

Entonces salió el Cheto que ya lo había observado sin arma, a reclamarle por el ruidajal. Todos le tenían miedo a él, pero el Cheto aprovechó la oportunidad

– Bájale a tu desmadre pinche culero.- Y sacó el arma de inmediato.

Él trató de de detener las balas con sus manos que quedaron perforadas y también sus antebrazos con balazos. El Cheto le vació toda la carga y huyó de inmediato en su auto.

Su madre lamentó que hubiera dejado el arma y fue su tío quien tuvo que reconocer el cuerpo y levar a cabo el funeral. Esa fue su Navidad para la madre. Como para llorar cada año en esa fecha.
Destino es destino. Y aún muerto volvió a Puente Grande donde lo lloró su padre y su hermano:

-Me mataron a mi gallo.- se lamentaba el padre en la capilla de los jardines de Puente Grande, allí por el área de visitas. Donde está bonito y no las barracas verde hospital llenas de tendederos y sujetos malencarados en sandalias y shorts. Ese infierno verde de puros hombres.

La carroza salió y él, solo volvió a Analco por última vez al hermoso templo, el que visitaba cuando era un niño y al que jamás volvió hasta ese día, en un ataúd.

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