Jul 102018
 

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FUERZA ELECTORAL. El despertar del 1 de julio.

Ismael Bojorquez/Río Doce

La incertidumbre podía leerse en los rostros, pero también la frustración, un dejo de incredulidad todavía, el dolor, casi el llanto. Igual que los tsunamis, que cuando pasan solo dejan muerte y desolación, así ocurrió con la clase política tradicional de Sinaloa este 1 de julio. Por la mañana todavía podían verse sonrisas, se escuchaban bromas, se veían abrazos y hasta festejos anticipados. Pero después del mediodía no se podía localizar a nadie. Empezaron a llegar las encuestas de salida a los cuartos de guerra y no lo podían creer. Ni los unos ni los otros. Y no era solo aquí, sino en todo el país. La gente estaba votando “parejo” por Morena, “qué voto cruzado ni que madres”.

Esto se empezó a reflejar en las mismas casillas cuando inició el conteo de los votos y los funcionarios y representantes de partidos vieron que los candidatos de Morena, todos, no solo en la urna presidencial, estaban arriba en casi todas. Increíble. Podía ser un caso, un barrio, “es que el candidato de Morena es de este sector…”. Pero no. Era general. Luego los números del PREP se empezaron a desgranar y entonces de la sorpresa inicial devino el pasmo de los que se creían dueños de la política, del gobierno, de las instituciones, del municipio, del estado y del país.

¿Quién le ganó a Juan Ernesto Millán en el 7 distrito? Merary Villegas, una de las iniciadoras del partido Morena en Culiacán, diputada local con licencia, pero una política muy joven, apenas principiante. ¿Quién, en el Distrito 5, derrotó a Aarón Rivas, empresario voraz, ex diputado local dos veces y ex alcalde de Culiacán? Yadira Marcos ¿Quién es? Pues quién sabe. No tenía una vida pública hasta ahora y su actividad en redes sociales era casi nula, porque hasta sus selfies con Andrés Manuel López Obrador tienen, 50 o 60 vistas en su cuenta de Facebook y fueron compartidas apenas cinco o seis veces.

Y estos dos ejemplos bastan para ilustrar el fenómeno que se dio en Sinaloa y en todo el país. López Obrador ganó en 31 de las 32 entidades federativas (salvo Guanajuato) y Morena se llevó cinco de las ocho gubernaturas en disputa. Y este mismo arrastre ocurrió en Sinaloa, donde se llevó siete de siete diputaciones federales, las dos senadurías de mayoría y siete alcaldías, entre ellas cuatro de las más importantes en términos de población y recursos asignados. Por si fuera poco, será mayoría en el Congreso del Estado, pues ganó 20 de los 24 distritos.

Los resultados de la elección tienen infinidad de lecturas sobre los porqués, y surgirán igual cantidad de “hubieras”; sin embargo, vale destacar el impacto que han tenido en la clase política tradicional; en los partidos, por supuesto, pero en los hombres y mujeres que, hasta el anochecer del 1 de julio estuvieron dirigiendo la política de este país y en Sinaloa, en los protagonistas de hace lustros y décadas.

Me quedo con las declaraciones de Héctor Melesio Cuen y Manuel Clouthier Carrillo al reconocer la derrota. Los dos habían adelantado que buscarían la gubernatura en caso de llegar al Senado y los dos dijeron ahora que eso es pasado. Uno se dedicará a fortalecer al partido, el PAS, que pasa a ser cuarta fuerza electoral y el empresario a otra cosa —no dijo a qué—, pues, adelantó, se va de la lucha electoral y buscará a jóvenes para que tomen la batuta. A Melesio quién sabe, pero a Manuel no le queda de otra, pues el esquema de los “independientes” parece agotado y buscar en el futuro un cargo de elección por un partido sería de una incongruencia descomunal que no se puede permitir.

Y en semejante tesitura están muchos otros miembros de la clase política que han gravitado en la vida pública de Sinaloa en las últimas dos o tres décadas. Perdieron todos sus activos. Priistas y panistas, sobre todo (del PRD hace mucho tiempo dejamos de hablar porque era hasta ocioso). Los Higuera, los Felton, los Xóchihua, los Millán, los López, los Vargas, los Rivas, esa camada de voraces caza presupuestos y de frívola catadura —que hasta a sus mujeres arrastraron en su debacle impensada—, fue enviada al caño en un solo día por obra y gracia de un electorado que subestimaron y que por fin, gracias a que estaba hasta la madre de ellos, salió a votar.

Bola y cadena

HACE COMO UN MES DIJE QUE si Andrés Manuel López Obrador ganaba la elección presidencial, el gobernador Quirino Ordaz ganaría de calle. En parte había razón, pero solo en parte, porque el resultado tan abrumadoramente en favor de Morena rompió todos los esquemas previsibles, al grado de que el mazatleco, sí, se liberó de compromisos con quien lo puso en el poder, no llegó el candidato de su partido, pero en Sinaloa perdió todo. Al grado de que, efectivamente, es un pequeño virrey, pero un virrey sin imperio. Porque el imperio será, en los próximos tres años, de Morena.

Sentido contrario

TODAVÍA NO SABEMOS CÓMO VENDRÁN muchas cosas en el nuevo gobierno, pero lo que dijo Olga Sánchez Cordero, futura secretaria de Gobernación, en el sentido de que motivará la despenalización de la producción, trasiego y consumo de la mariguana con fines recreativos, es una pequeña luz dentro del túnel. Ojalá la inquietud avance y que empecemos a caminar ya, en esquemas menos conservadores. Ya.

Humo negro

LA DERROTA DE HÉCTOR MELESIO CUEN es de varias bandas: pierde la senaduría por segunda ocasión, ya no competirá para gobernador, como lo había adelantado en caso de ganar, su partido se convierte en la cuarta fuerza electoral —con menos diputados, regidores y prerrogativas— después de ser la segunda y, la más importante: pronto recibirá muchas presiones sobre el poder que ejerce en la Universidad Autónoma de Sinaloa. De adentro y de afuera.

Medio independiente de Aguascalientes.

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