Los panteones de París, llenos de arte e historia y hasta mexicanos como Ramón Corral

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Jul 312018
 

Ernesto Hernández Norzagaray/Río Doce

Hay un sentimiento necrológico en esa tentación por visitar panteones. En ese deseo cumplido de transitar despacio por esos pasillos frecuentemente estrechos donde descansan los restos de quienes se nos adelantaron dejando su impronta.

Quizá hay en esa búsqueda algo de insensato, perturbador, pero no sólo eso, hay algo más cuándo estas ante la tumba de personas que influyeron en el devenir de sus pueblos o en la cultura universal. Sea a través de las grandes gestas heroicas, las artes o la ruptura con el establishment.

Entonces, en ese acto presencial ante lo irremediable, existe un sentimiento de impotencia por la pequeñez y la irrelevancia de la vida propia. ¿Quién es uno frente a la tumba de Napoleón? ¿Quién es frente a la tumba de Oscar Wilde? ¿Quién es frente a la tumba de Jim Morrison, Edith Piaf u Honorato de Balzac? Un rostro más en la muchedumbre.

Visitar esos recintos que llaman al silencio, a la reflexión, a la relectura o aquello que invita y decía Henry Miller llegado a los cuarenta años: He dejado de leer libros, para empezar a leer rostros, es un ejercicio pertinaz, de buscar las claves de la vida, pero también del éxito en la historia.

Acabo de estar en París y uno de los propósitos era visitar los dos panteones más emblemáticos donde descansan los restos de seres excepcionales: Pére-Lachaise y Montparnasse.

El primero ubicado en el este de París, el distrito XX y más específicamente en el 16 de la Rue de Repos, es un cementerio amurallado que fue diseñado y puesto en operación a principios del siglo XIX al igual que el de Montparnasse y el de Passy y Montmartre, mientras el segundo al sur, en una de las zonas más populosas (en la siguiente entrega hablaremos de ese recinto).

Llegar a la puerta principal es en alguna forma cruzar el umbral de la historia. Su ancha avenida luego se multiplica en calles, pasillos, jardines que reciben la sombra de grandes árboles. Y en esos espacios flexibles vas encontrando primero tumbas que demostraban un ejercicio de poder hasta el final. Se trata de tumbas con una gran inversión que incluyen muchas de ellas verdaderas joyas arquitectónicas y escultóricas.

La mayoría de ellas para un neófito son verdaderos cultos al ego y la inmortalidad basada en lo mayúsculo y excepcional. Algunas explicables como la de Napoleón pero otras quizá solo explicables para sus familias.

Contrastan, por ejemplo, con la sencillez y timidez de las que acogen al músico Frederic Chopin o al pintor expresionista Amedeo Modigliani.

Tumbas de culto donde diariamente llega gente a rendir tributo y hasta prender un porro en homenaje a alguno de sus admirados. Depositan sobre las tumbas boletos de Metro incluso algunos dejan cigarros, un botellín de vino, un billete de un país lejano. La gente se hace la selfie y sigue su camino. En esa búsqueda que no es nada fácil de ubicar por los innumerables pasillos y una información confusa de la ubicación de los célebres en Pére Lachaise. Pero, bueno, si hay perseverancia y algo de condición física, subir y bajar por esas largas pendientes, es una demostración de fortaleza.

Una de las zonas más estremecedoras de Pére Lachaise es la de las lapidas dedicadas a los caídos durante las guerras mundiales, están las dedicadas a los niños que se les recuerda con una enigmática escultura colectiva de figuras andantes sin rostro; está la dedicadas a los judíos que murieron en el campo de concentración de Auschwitz o Buchenwald; también otra dedicada a los miembros de la Resistencia que venidos de otros países se integraron para defender a Francia y no podía faltar en ese homenaje a los comunistas que murieron en aquella época en que parecía que a todos se les iba la vida y en alguna forma se les fue con los 50 millones de europeos de todos los credos y colores que fueron asesinados sin ningún tipo de compasión.

Ahí, en ese mundo de tumbas reconocidas y olvidadas, que refleja la insignificancia de la vida, se encuentra la de Ramón Corral, el vicepresidente de México, durante los años duros del Porfiriato, y quien seguramente salió huyendo con su jefe para morir lejos de la patria, como uno más, sin más honor que el del olvido.

En fin, mi tercera visita a este cementerio legendario de esta ciudad que sigue tan hermosa como siempre, tan diversa, multirracial, con todos sus mitos, siempre será gozosa y digna de volver con nuevas tentaciones, influido, en mi caso, por las historias vividas e imaginadas de los grandes creadores que alguna vez siguieron los pasos de los que los antecedieron y ahora uno sigue por las Tullerias, el Rio Sena, Champs Elyseés…

París, bien vale, un sentimiento agudo y escatológico.

Artículo de opinión publicado el 29 de julio de 2018 en la edición 809 del semanario Ríodoce.

Un día como hoy nació el primer guerrillero del México postrevolucionario

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Feb 282018
 

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Un día como hoy, de 1940, nacio en Durango, el maestro fundador de la primer guerrilla mexicana, Arturo Gámiz García, quien perdería la vida a sus veinticinco años de edad al tomar por asalto, junto a los fundadores del Grupo Popular Guerrillero, el cuartel militar de Madera, Chihuahua.

Al igual que los maestros Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, Gámiz inició su obra pacíficamente, organizando protestas y huelgas en la Unión General de Obreros y Campesinos de México (UGOCM) desde 1957, sin embargo la violencia con que la autoridad los combatió, llevó a los estudiantes, maestros, obreros y campesinos que conformaban la UGOCM a empuñar las armas en 1964. De esta manera se fundó el Grupo Popular Guerrillero (GPG), organización que dejó al descubierto la vulnerabilidad del gobierno, dejando bajas importantes en las fuerzas armadas.

A pesar de la muerte de Arturo Gámiz y los principales dirigentes del GPG en el asalto al cuartel, el 23 de septiembre de 1965, sus integrantes continuaron operando en la Sierra Tarahumara durante casi una década. Gracias al gran esfuerzo de Gámiz por emancipar económicamente a los trabajadores de México, le fueron suficientes tan sólo 25 años de su vida para pasar a la historia de nuestro pueblo como uno de los más insignes rebeldes de los últimos tiempos. En su comunicado “Sólo hay un camino” justificó su salto a la lucha armada con estas palabras:

“El camino que nosotros hemos escogido está perfectamente claro, consideramos que ya es la hora de iniciar la revolución. Sabemos que no han madurado todas las condiciones ni vamos a sentarnos a esperarlas, madurarán al calor de las acciones revolucionarias. Todos los argumentos en favor de la vía pacífica son insostenibles. El legalismo y el pacifismo no conducen a ninguna parte sino a un pantano, el reformismo tampoco lleva a ninguna parte. No hay que temer el auge revolucionario.

No hay el grado de conciencia que se quiere es muy cierto, pero el proceso revolucionario es el que puede dar esa conciencia a las masas, cosa que no puede hacer la politiquería. Está demostrado que no hay que esperar a que estén dadas todas las condiciones porque las que faltan surgen en el curso de la insurrección armada.

Organizar un movimiento revolucionario es difícil; no se empieza la revolución con una poderosa organización clandestina, ni con una decena de guerrillas, ni se producirán levantamientos armados simultáneamente en la mitad del país. De lo que se trata es de iniciar la acción donde sea, a la hora que sea y no importa si no son cinco o seis mil guerrilleros sino quince o veinte. No se trata de soñar grandes operaciones tácticas sino de contestar como sea uno de los múltiples golpes que el gobierno prodiga a las masas.

En el curso de las operaciones militares las guerrillas se foguearán, se consolidarán, aumentarán sus filas y se multiplicarán, la organización se irá estructurando poco a poco en la medida que surjan las condiciones que lo permitan, las llamas de la revolución se irán extendiendo poco a poco a más rincones de la República. La lucha será terriblemente prolongada, no se contará por años sino por décadas, por eso es ya la hora de empezar y hay que empezar jóvenes si queremos tener tiempo de lograr las cualidades que sólo los años de acción proporcionarán.

Los que dicen que hay que esperar a que se den todas las condiciones, que hay que esperar el momento y que hay que organizarlo todo perfectamente, de hecho están esperando tras su escritorio que las columnas rebeldes lleguen hasta su oficina para informarles que empiezan las operaciones regulares y de posiciones para darse cuenta de que ya es el momento. Pueden seguir cómodamente en sus despachos, tenemos fe absoluta en las masas populares y sabemos que de su seno surgirán cada día más revolucionarios que se encargarán de preparar e iniciar la acción…

Estamos convencidos de que ha llegado la hora de hablarles a los poderosos en el único lenguaje que entienden; llegó la hora de que las vanguardias más audaces empuñen el fusil porque es lo único que respetan y escuchan; llegó la hora de ver si en sus cabezas penetran las bala, ya que las razones nunca les entraron; llegó la hora de apoyarnos en el 30-30 y en el 30-06, más que en el Código Agrario y la Constitución.”

-Arturo Gámiz García (1940-1965) (pensamientos magonistas).