Dic 142015
 

Río Doce/Alfabeto Wquerty
La Infantería de Marina flota sobre aguas mansas en Sinaloa. Igual dispara sin aviso, que nalguea y detiene. Lo mismo desaloja pueblos enteros que desarma a policías. El ala armada de la Secretaría de Marina marcha imparable por el estado, sin que desde el gobierno se le muestre siquiera una queja en las reuniones cerradas de coordinación en seguridad y mucho menos un extrañamiento oficial.

Es justo al revés, el gobernador Mario López Valdez y su gabinete de seguridad piden respeto y confianza a ciegas. La premisa es que en la lucha contra el crimen organizado podrán violentarse algunos derechos humanos —de delincuentes o de algunos ciudadanos atrapados en el fuego cruzado—, pero hay un interés superior y vale la pena sacrificar derechos a cambio de eso.

En ese panorama no extraña una operación como la de la madruga del lunes 7 de diciembre en el Motel Las Fuentes de la ciudad de Guamúchil —calca exacta de muchas otras acciones de la Marina en Sinaloa. Mueren cuatro personas, dos de ellas menores y otro un conocido empresario de la ciudad, Carlos Humberto Barroso. La Marina informa oficialmente que se trató de un enfrentamiento, pero los testimonios y las evidencias físicas del Motel, muestran disparos solo de un flanco. Además, testigos aseguran que la Marina no llegó persiguiéndolos, sino que se desplegó con sigilo pero con tranquilidad y empezaron los disparos.

Más allá de que la versión se sostenga periodísticamente, lo que importaría es una explicación pericial de ese y otros sucesos con un amplio margen de duda. Un informe de la Procuraduría de Sinaloa que detalle y justifique la operación, que se apegó a la legalidad y a los manuales internos. Pero a cambio, de manera automática la Procuraduría declina la investigación y permite una serie de irregularidades posteriores a una acción. Como ejemplo, que la propia Marina altere una escena del crimen, llevándose los casquillos de las armas.

Sabemos ya que la estrategia del gobierno de Enrique Peña para esta zona del país, las áreas urbanas y serranas de influencia de Joaquín El Chapo Guzmán, fue replegar al Ejército, cediéndole por completo las operaciones a la Marina. La Secretaría de la Defensa solo mantiene presencia mediante rondines y operaciones de bajo calado. El desgaste del Ejército y una serie de erratas y filtraciones que prolongaban el golpe mayor de la captura de El Chapo, los aisló de la madre de todas las operaciones federales. Un grupo élite de la Armada de México, conectada a las agencias de seguridad estadunidenses –CIA, DEA, FBI, ICE-, es quien busca la hebra de la madeja del Cártel de Sinaloa.

En todo el triángulo dorado es un equipo élite de la Marina quien opera, incluso al margen de mandos principales de la Procuraduría General de la República que se enteran a posteriori de cualquier acción. Se trata de una desconfianza institucional, pero principalmente de una estrategia donde los equipos de inteligencia se van reduciendo mientras más grande es el objetivo.

Ante el poder arrollador de la Marina no hay gobernador que se atreva al menos a abrir la boca. Por eso, calla cuando pueblos enteros son baleados desde el aire o sitiados. Le nalguean a los policías, como pasó con los de Angostura. Evade cuando otros policías de Culiacán son retenidos por sospechas de ser informantes del narco vía celular —luego incluso les retiraron los teléfonos en una boba acción que cumplieron a medias. O permite la evidente alteración de las escenas del delito.

El gobierno estatal seguirá callando, pero en ese silencio va también una omisión a sus atribuciones. El monopolio de la fuerza del Estado no es discrecional, se encuentra acotado.

Margen de error

(Barroso, el empresario) Carlos Humberto Barroso Ceceña, el empresario muerto en la operación de la Marina en Guamúchil el lunes 7 de diciembre, está en este momento oficialmente señalado como parte de un grupo armado que atacó a la Marina.

Dijo la Semar: “Resultado del intercambio de disparos, cuatro agresores perdieron la vida y en el lugar fueron aseguradas cuatro armas de fuego (un arma corta y tres armas largas), así como dos vehículos.”

Y el gobernador Mario López Valdez dijo: “Estaba en el lugar incorrecto con las personas incorrectas.”

Ante esas dos afirmaciones, hasta ahora ninguna desmentida o ampliada, la defensa de la integridad de Barroso Ceceña por parte de empresarios, organizaciones y de la Alcaldesa de Salvador Alvarado, Liliana Cárdenas, quedan en el grado únicamente testimonial.

¿Será en las próximas semanas una exigencia de la familia del empresario el esclarecimiento de su muerte? No es posible anticiparlo.

Las dudas se fortalecen porque la versión confirmada por la Procuraduría de Sinaloa es que Carlos Humberto Barroso llevaba una semana privado de su libertad, aun cuando no existía una denuncia. Entonces qué sucedió del 1 de diciembre en que llegaron a su negocio de Guamúchil y se lo llevaron hasta la madrugada del 7 de diciembre en que los disparos de la Marina lo asesinaron.

Mirilla

(Rompe silencio) Heriberto Félix Guerra se cuidó de mantenerse al margen del revuelto ambiente político. Pero en ningún momento se le excluyó de las listas de aspirantes a la gubernatura, aunque no se pudiera saber por cuál partido o si en la vía independiente. Sus declaraciones de esta semana para el noticiario de radio Línea Directa, aunque encriptadas, lo colocan de nuevo en la mira.

Si va por la vía independiente, el excandidato a la gubernatura en 2004 que estuvo muy cerca del triunfo, no podrá decidirse hasta enero de 2016 como dijo, sino que tendrá que hacerlo en las próximas semanas por los tiempos que marca la ley. Si va por el PAN, entonces sí podrá tomarse unas semanas más, para meterse en una contienda donde hay un fuerte grupo interno que no quiere a nadie de fuera, como sería el caso de Félix Guerra.

Primera cita

(Mirada internacional) Las repercusiones del asesinato de los dos turistas australianos siguen en un largo eco internacional. Basta una frase del periódico español El País para contextualizar el sitio donde aparecieron asesinados los surfistas: “Sinaloa es uno de los estados más violentos del país y es cuna del Cártel del mismo nombre”(PUNTO)

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